El líder supremo de Irán, Ali Jameneí, aseguró hoy que Trump "tiene las manos manchadas de sangre", tras los ataques que Estados Unidos realizó en junio contra Irán, y que debe centrarse en gobernar su país, "si es capaz" de ello.
En un mensaje dirigido a la nación, el líder iraní se refirió a las amenazas lanzadas contra el país por Trump, quien aseguró que defendería a los ciudadanos que estos días protestan en las calles de Irán si su gobierno sigue matándolos.
"El presidente estadounidense Trump debe centrarse en gobernar su propio país si es capaz; EE.UU. enfrenta numerosos problemas internos", aseguró Jameneí en su mensaje que reproduce la televisión local PressTv.
Agregó que "la mano de Trump está manchada con la sangre de 1,000 iraníes que murieron en la agresión estadounidense-israelí de junio" e "instó a la juventud a preservar la unidad nacional", enfatizando que "una nación unida puede vencer a cualquier enemigo".
El líder iraní se refirió a los ciudadanos que estos días se manifiestan en las calles de las ciudades del país, algunos de los cuales son "alborotadores que vandalizan la propiedad nacional y complacen al presidente de EE.UU", dijo.
Jameneí aseguró que "Irán no cederá ante quienes cometen actos de vandalismo" y tampoco "tolerará a quienes actúen como mercenarios para extranjeros".
El mensaje de Ali Jameneí se produce cuando se cumple el décimo tercer día de manifestaciones en todo el estado iraní impulsadas inicialmente por comerciantes y sectores económicos afectados por el deterioro de la situación económica, el desplome del rial y la elevada inflación.
Irán atraviesa una profunda crisis económica, con una inflación anual superior al 42 % y una inflación punto a punto que en diciembre superó el 52 % respecto al mismo mes del año anterior, marcada por las severas sanciones de Estados Unidos y la ONU contra el país por su programa nuclear.
Al menos 45 manifestantes, incluidos ocho niños, han muerto y cientos más han resultado heridos en las protestas, según los últimos datos difundidos ayer por la ONG Iran Human Rights (IHRNGO), con sede en Oslo.
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