Los cacerolazos volvieron a escucharse en distintos sectores del Gran Santo Domingo durante estos primeros días de julio de 2026, en medio de un ambiente de inconformidad por medidas fiscales, la llamada “Ley Mordaza”, el alto costo de la vida, los apagones y los cuestionamientos a la actuación policial tras la muerte del joven Darlin Enmanuel Mercado Reyes en Guajimía.
La nueva jornada fue impulsada inicialmente por la artista urbana Melymel, quien llamó a la ciudadanía a protestar de manera pacífica desde sus hogares y, posteriormente, a mantener la movilización en las calles. En distintos reportes se registraron cacerolazos en sectores como Bella Vista, Naco, Evaristo Morales, Arroyo Hondo, Herrera, Piantini, Honduras, Villa Mella, Los Mina, Alma Rosa, Gazcue y La Isabelita, con videos difundidos en redes sociales desde balcones, ventanas y calles.
Una forma de protesta que convirtió el ruido en mensaje
El cacerolazo consiste en golpear ollas, calderos, sartenes o utensilios domésticos para expresar inconformidad pública. Su fuerza está en que permite protestar desde la casa, sin necesidad de grandes estructuras organizativas, y convierte un objeto cotidiano en un símbolo político y social.
Aunque su uso contemporáneo se asocia sobre todo con América Latina, antecedentes históricos ubican manifestaciones sonoras similares en Francia durante el siglo XIX, vinculadas a prácticas populares de rechazo mediante ruido. Investigaciones sobre el rol de la olla en las protestas sociales señalan que este tipo de expresión se manifestó masivamente en Francia hacia 1832 y luego se extendió a otros escenarios, como Argelia en 1961.
En América Latina, uno de los antecedentes más citados ocurrió en Chile, con la Marcha de las Cacerolas Vacías contra el gobierno de Salvador Allende en 1971. La Biblioteca Nacional de Chile conserva registros de aquella manifestación, realizada el 2 de diciembre de 1971, en la que las ollas vacías fueron utilizadas como símbolo de protesta frente al desabastecimiento y la crisis política de la época.
El primer gran referente dominicano: la crisis electoral de 2020
En República Dominicana, los cacerolazos alcanzaron dimensión nacional durante las protestas por la suspensión de las elecciones municipales del 16 de febrero de 2020, cuando la Junta Central Electoral detuvo el proceso a nivel nacional por fallas en el voto automatizado. Para esos comicios estaban convocados más de 7.4 millones de votantes para escoger autoridades municipales, pero la jornada fue suspendida a las 11:11 de la mañana.
La protesta comenzó frente a la Plaza de la Bandera, pero luego se extendió a los hogares. El primer gran cacerolazo nacional fue convocado para la noche del 21 de febrero de 2020, de 8:00 a 8:10 p. m., como una forma de integrar a quienes no podían asistir físicamente a las manifestaciones. Las cacerolas se escucharon en sectores como Piantini, Naco, Bella Vista, El Millón, Gascue, La Julia, Las Praderas y también en Santiago.


Incluso el presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, en ese entonces candidato presidencial por el Partido Revolucionario Moderno, había manifestado su apoyo a este tipo de manifestaciones a través de sus redes sociales, definiéndo los cacerolazos como "el más bello conciero musical de la orquesta sinfónica popular del pueblo dominicano".
Aquellos cacerolazos no fueron el único factor de presión, pero sí ayudaron a ampliar el alcance de las protestas. La ciudadanía reclamaba elecciones transparentes, una investigación sobre lo ocurrido y respuestas de la JCE. Como consecuencia institucional del proceso, las elecciones municipales fueron reprogramadas para el 15 de marzo de 2020 y la Junta solicitó una auditoría a la Organización de Estados Americanos sobre el voto automatizado.
Cacerolazos en apoyo a la persecución contra la corrupción
Después de la crisis electoral, las ollas volvieron a sonar el 29 de noviembre de 2020, esta vez con un sentido distinto. Aquel cacerolazo fue realizado en apoyo a las acciones del Ministerio Público, encabezado entonces por Miriam Germán Brito, tras los apresamientos de exfuncionarios vinculados a investigaciones de corrupción administrativa.
La convocatoria fue atribuida al movimiento Somos Pueblo y se realizó durante 10 minutos en sectores como Bella Vista, Naco, Evaristo Morales y Piantini. A diferencia de febrero y marzo de 2020, esta manifestación no fue contra una suspensión electoral, sino en respaldo a procesos judiciales contra antiguos funcionarios.
La reforma fiscal de 2024 y el retiro del proyecto
Otro momento importante ocurrió en octubre de 2024, cuando los cacerolazos reaparecieron contra el proyecto de Ley de Modernización Fiscal sometido por el Gobierno. En esa ocasión, se reportaron protestas durante varios días en sectores como Los Cacicazgos, Piantini, Bella Vista, Naco y Evaristo Morales, con ciudadanos rechazando lo que consideraban una carga para la clase media y sectores vulnerables.
El proyecto buscaba recaudar más de RD$122,000 millones, según fue explicado entonces por las autoridades, pero generó amplio rechazo social, político y empresarial. El 19 de octubre de 2024, el presidente Luis Abinader anunció el retiro inmediato de la propuesta del Congreso, al admitir que no contaba con el consenso necesario para ser aprobada.
Ese episodio reforzó la percepción de que el cacerolazo puede funcionar como termómetro de malestar social cuando logra conectar con otros reclamos públicos. No obstante, su impacto depende del contexto, de la magnitud de la participación y de la respuesta política de las autoridades.
Apagones y protestas localizadas en 2025
En 2025 también se registraron cacerolazos, aunque con un alcance más localizado, vinculados principalmente a los apagones. En septiembre de ese año, residentes de sectores de Santo Domingo Oeste y otros puntos del Gran Santo Domingo hicieron sonar ollas, cantinas y hasta alarmas de vehículos para protestar por prolongadas tandas de cortes eléctricos.
Además de los cacerolazos, en los meses de mayor tensión se registraron bloqueos de calles y quema de neumáticos en sectores del Distrito Nacional, Santo Domingo Este y Santo Domingo Norte, en medio de quejas por interrupciones del servicio eléctrico.
Julio de 2026: por qué volvieron los cacerolazos
Los cacerolazos de este mes de julio de 2026 tienen varias motivaciones acumuladas. Entre los reclamos mencionados por convocantes y participantes figuran el rechazo a la Ley 30-26, identificada por críticos como una nueva reforma fiscal o plan anticrisis; la llamada “Ley Mordaza”; los apagones; el costo de los alimentos, combustibles y medicinas; y los abusos policiales.
La Ley 30-26 fue presentada oficialmente como una norma de medidas procrecimiento económico, simplificación fiscal y mitigación de la crisis internacional. El Gobierno ha defendido que incluye medidas como amnistía fiscal, ajustes tributarios e incentivos productivos, mientras sectores críticos la perciben como una nueva presión económica sobre la población.
El detonante emocional más reciente fue la muerte de Darlin Enmanuel Mercado Reyes, de 19 años, durante una intervención policial en Guajimía, hecho que generó indignación pública y cuestionamientos a la reforma policial. La artista urbana Melymel vinculó su convocatoria al rechazo por la actuación policial y a la exigencia de consecuencias institucionales.
Reacción ciudadana, política y sectorial
La reacción ciudadana se ha expresado principalmente a través de redes sociales, con videos de balcones, residenciales y calles donde se escuchan ollas y consignas. Reportes del martes indicaron una segunda noche consecutiva de cacerolazos en sectores del Gran Santo Domingo, con etiquetas como #CacerolazoSD y #QueSeEscuche circulando en plataformas digitales.
Desde el ámbito político, legisladores de oposición han interpretado los cacerolazos como una señal de cansancio social. El diputado de la Fuerza del Pueblo, Félix Michel, afirmó que “la gente no aguanta más” y vinculó el ambiente de tensión con problemas económicos que afectan a la población.
También se sumaron dirigentes barriales y asociaciones comunitarias. Líderes de sectores como María Auxiliadora, Guachupita, Los Mina, Sabana Perdida, Brisas del Este, Invivienda, Los Alcarrizos, Herrera, Gualey, Las Cañitas, 24 de Abril y Villas Agrícolas expresaron respaldo a las protestas, mencionando preocupaciones por el alto costo de la vida, los apagones, la falta de empleos, medicamentos, escuelas y la actuación policial.
En cuanto a las autoridades, reportes de la noche del martes indicaban que hasta las 11:00 p. m. no se habían emitido declaraciones oficiales del Gobierno ni de la Policía Nacional sobre las manifestaciones, y tampoco se reportaban incidentes ni detenidos relacionados con esas jornadas.
Una protesta simple, pero de fuerte carga simbólica
El cacerolazo no sustituye una marcha, una huelga ni una concentración masiva, pero tiene una particularidad: permite que el descontento se escuche desde los hogares. Por eso suele aparecer en momentos en que una parte de la ciudadanía quiere manifestarse sin exponerse directamente en las calles o cuando las redes sociales logran convertir un reclamo disperso en una acción común.
En República Dominicana, su historia reciente muestra usos distintos: en 2020 sirvió para reclamar transparencia electoral; meses después, para respaldar acciones anticorrupción; en 2024, para rechazar una reforma fiscal; en 2025, para protestar por apagones; y en julio de 2026, para reunir reclamos económicos, sociales, institucionales y de seguridad pública.
La pregunta ahora es si estos nuevos cacerolazos se quedarán como una expresión momentánea de malestar o si lograrán articularse en una protesta más amplia, capaz de provocar respuestas concretas de las autoridades, como ocurrió en otros momentos de tensión social en el país.
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