Sus declaraciones a la prensa también estaban teñidas de un cierto pensamiento mágico: la ingenua creencia de que basta con confiar en una misma. Es una actitud que se gestó en su mente cuando era una joven jugadora bajo la tutela de su padre, y ha honrado ese legado a lo largo de su carrera. Por un instante, la semana pasada, todo parecía posible. E incluso tras su posterior derrota en tres sets ante la australiana Maya Joint — veinticuatro años menor que ella —, el sueño de su regreso sigue vivo.
¿Buscaba Williams revivir glorias pasadas? ¿O simplemente se sentía feliz de volver a jugar? Ahora, libre de la presión de tener que desempeñarse al máximo nivel de su capacidad, puede disfrutar del juego con mayor tranquilidad. La situación también plantea una oportunidad comercial fascinante: actualmente se encuentra en plena negociación de su contrato para raquetas con Wilson. Ella sorprendió a Nike — marca con la que ha mantenido una colaboración valorada en US$55 millones desde 2003 — con el anuncio de su regreso al circuito, y la compañía tuvo que apresurarse para diseñar los conjuntos personalizados que la caracterizan. En los torneos preparatorios Williams se vio obligada a lucir reediciones de atuendos antiguos; sin embargo, el martes de la semana pasada apareció con un conjunto creado a su medida por Nike para su gran retorno.
Comparemos el evidente placer de Williams de "estar en este momento" con el profundo abatimiento del jugador de críquet inglés Ben Stokes. El capitán, de 35 años, anunció su retirada del críquet internacional el pasado fin de semana, durante la derrota en el tercer Test contra Nueva Zelanda, con una sencilla exclamación: "Se acabó, amigo".
Stokes representa el extremo opuesto del péndulo, una situación en la que la decepción deportiva ha acabado con la alegría de su juego. Su marcha se produce también tras un incidente en una discoteca el mes pasado — en el que incumplió el toque de queda de medianoche — y varias ocasiones en las que ha infringido los códigos de conducta. Aunque es nueve años más joven que Williams, sonaba como alguien mayor, hastiado y deprimido. "He pasado por momentos personales difíciles", les declaró a los periodistas de Sky tras el anuncio, "y siento que debo hacer esto porque es lo correcto. Esta decisión de retirarme es, en general, lo mejor para mí en este momento".
Puede que Stokes se haya dado cuenta de que sus días de gloria han quedado atrás. O tal vez sea víctima del agotamiento propio de los millennials, fenómeno derivado de las condiciones laborales actuales — exceso de trabajo, estrés y falta de tiempo de descanso — que está llevando a las generaciones más jóvenes a un agotamiento sin precedentes. Según el informe sobre el agotamiento en 2025 de Mental Health UK, nueve de cada diez personas experimentaron niveles altos o extremos de presión o estrés el año pasado, y uno de cada cinco trabajadores necesitó pedir una baja para tratar problemas de salud mental. Stokes comunicó su decisión a sus compañeros en el vestuario antes del partido, y la noticia trascendió a través de X (una forma muy propia de los millennials para renunciar). ¿Es él, sencillamente, un ejemplo de mayor repercusión pública de esas personas vulnerables a la presión laboral?
¿Puede el trabajo hacerte feliz si no estás 'ganando'? ¿Acaso debemos desempeñarnos siempre al máximo de nuestras capacidades? ¿O deberíamos rebajar un poco nuestras ambiciones y permitirnos el regalo de simplemente disfrutar de las cosas?
Creo que subestimamos el poder de la alegría en el entorno laboral; en su lugar, nos centramos en los problemas operativos. Se ha puesto de moda competir por ver quién trabaja más duro o quién soporta mayor estrés en su agenda diaria: el trabajo se mide por las horas extra y por la cantidad de grupos de WhatsApp en los que participamos. No está tan bien visto decir que las cosas van bien. O que te encanta tu trabajo. Quizás por eso Serena Williams parecía vivir en una realidad paralela durante sus declaraciones previas a los partidos: no mostraba ni rastro de esa angustia que estamos condicionados a sentir. Y, sin embargo, lejos de resultar incómodo o embarazoso verla en aparente desventaja, lograba mantener a la audiencia cautivada. Mientras libraba aquella batalla de tres horas, nos inspiró ver cómo hacía su mejor esfuerzo con auténtico entusiasmo.
Además, ¿quién realmente se "jubila"? Lionel Messi sigue batiendo récords con Argentina a sus 39 años, a pesar de haberse "retirado" por primera vez hace una década. "Para mí, la selección se acabó", declaró en 2016 tras fallar un penalti en la tanda decisiva contra Chile, que alzó la copa de campeón de América. "Duele no ser campeón".
Dos Mundiales después, su actuación actual es sublime. ¿Sigue guiado por la necesidad de "ser un campeón"? ¿O el fracaso y dos años jugando en la liga MLS de EEUU le han permitido disfrutar del juego?
Ningún deportista se complace con su fracaso. Stokes está claramente descontento. ¿Pero realmente está enamorado del críquet? Y si bien sus respuestas en las entrevistas fueron enfáticas, no descartaría un regreso en los próximos años. La oportunidad de echar un último vistazo a la propia grandeza es la droga más poderosa de todas. La jubilación es siempre solo temporal. Rendirse es el verdadero crimen.
Jo Allison. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
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