El Centro de Investigaciones en Educación y Desarrollo Humano (CIEDHUMANO) de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) sostiene que la Evaluación del Desempeño Docente 2025-2026 no demostrará su utilidad por producir una calificación, sino por lo que ocurra después de conocerla. El planteamiento aparece en el cuarto número de su serie de lecturas breves "En Clave", difundido este 8 de octubre de 2026 bajo el título "Evaluar al docente, ¿para qué?".
El documento parte del acuerdo anunciado el 6 de octubre entre el Ministerio de Educación (MINERD) y la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) para avanzar en la revisión de resultados e impulsar una estrategia integral de Planes de Mejora orientados al desarrollo profesional. Según el centro, ese compromiso coloca en primer plano si la evaluación sirve para identificar fortalezas y necesidades, orientar apoyo y formación, modificar prácticas y mejorar las oportunidades de aprendizaje de los estudiantes.
La finalidad declarada
CIEDHUMANO recuerda que el proceso oficial no fue concebido formalmente como un simple mecanismo de clasificación. Según su definición, es una herramienta para identificar fortalezas y oportunidades de mejora, promover el desarrollo profesional continuo y contribuir a elevar la calidad educativa. Por eso, afirma el centro, preguntar qué ocurre después de la evaluación no es una exigencia añadida desde fuera, sino que está contenida en la lógica del propio proceso.
El riesgo de quedarse en la puntuación
El documento reconoce que toda evaluación genera resultados individuales, revisiones, reclamaciones e incentivos, y que es natural que estos asuntos concentren la atención. Advierte, sin embargo, del riesgo de que terminen siendo el centro de la discusión. Si el debate se reduce a qué puntuación se obtuvo, si corresponde un incentivo o si se aceptó una revisión, se puede terminar "administrando correctamente una evaluación sin aprovechar plenamente su potencial educativo". Y resume: una puntuación informa, pero por sí sola no cambia una práctica.
En esa línea, el centro señala que una evaluación puede distribuir incentivos correctamente y aun así producir muy poca transformación de la práctica. Reconocer el buen desempeño y vincular ciertos resultados con incentivos o decisiones de carrera es legítimo, dice, pero la evaluación pierde parte de su sentido educativo cuando el incentivo se vuelve su finalidad dominante.
Planes de Mejora: acciones concretas, no otro formulario
CIEDHUMANO plantea que una evaluación útil debería responder en qué aspectos muestra fortalezas cada docente, dónde necesita apoyo, qué debería modificar, qué formación o acompañamiento requiere y cómo se sabrá si mejoró. Los Planes de Mejora, advierte, no deberían convertirse en otro formulario administrativo. Su valor dependerá de que traduzcan los resultados en acciones concretas, pertinentes y verificables, y de que la respuesta institucional sea diferenciada cuando las necesidades también lo son.
El documento precisa que no toda necesidad se resuelve con un curso. Según el centro, en algunos casos hará falta mentoría; en otros, observación entre pares, comunidades profesionales de aprendizaje, modelamiento de buenas prácticas, acompañamiento pedagógico o seguimiento en el aula. Añade que ese vínculo no puede depender solo del esfuerzo individual del docente, sino que requiere capacidades en los centros educativos, distritos, regionales y organismos responsables de la formación y el acompañamiento.
Información para el sistema
El centro sostiene que una evaluación de esta magnitud genera información que trasciende al docente individual. Puede revelar fortalezas comunes, necesidades recurrentes, diferencias entre territorios, aspectos de la práctica que requieren mayor apoyo y áreas por fortalecer en la formación inicial o continua. Ese conocimiento, dice, puede ayudar a decidir dónde concentrar recursos, formación y acompañamiento, y permitiría comprender "cómo está enseñando el sistema", no solo cómo está cada docente.
De la evaluación al aprendizaje
CIEDHUMANO describe una cadena que va de la evaluación al diagnóstico, el plan de mejora, el apoyo, el cambio de práctica, el seguimiento y, finalmente, el aprendizaje de los estudiantes. Si algún eslabón falla, afirma, la evaluación pierde utilidad: sin diagnóstico no sirve; si el diagnóstico no produce apoyo, se queda en descripción; si el apoyo no modifica la práctica, no cumple su propósito; y si los cambios no mejoran las oportunidades de aprendizaje, el sistema debe revisar lo que hace.
Para el centro, la decisión del 6 de octubre es una oportunidad para que la evaluación deje de ser percibida principalmente como un proceso de calificación y se consolide como parte de una arquitectura permanente de desarrollo profesional. Los planes, plantea, deberían estar vinculados con los resultados, diferenciados según las necesidades, ser viables, contar con acompañamiento y seguimiento, y estar conectados con oportunidades reales de formación y apoyo.
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