Algunas de las propuestas científicas y tecnológicas que han surgido últimamente en EEUU tienen un aire de cómics fantásticos. Hace dos semanas, Elon Musk, quien quiere colonizar Marte y crear implantes cerebrales, presentó un coche "volador": un vehículo Tesla equipado con propulsores de su compañía de cohetes SpaceX. Y, el jueves pasado, una empresa "startup" llamada Warhound salió del 'anonimato' y reveló un plan para editar genéticamente y clonar perros militares.
El sitio web de Warhound muestra a cinco imponentes perros con chalecos militares y gafas protectoras, sobre un pie de foto que dice: "Una nueva raza de dominio". Que parezca una imagen publicitaria para un videojuego canino al estilo Call of Duty seguramente no es una coincidencia: el cofundador y multimillonario tecnológico Ben Lamm lo llamó un "programa Capitán América para perros".
En verdad estamos viviendo en una era de ciencia que refleja la ficción popular, una sucesión de objetivos al estilo Marvel que parecen estar concebidos más como entretenimiento para las masas que para genuinamente resolver los numerosos problemas comunes y reales que enfrentamos hoy en día. Incluso los comentaristas de Reddit, un grupo normalmente a favor de la tecnología, no parecieron impresionados. Uno de ellos comentó: "¡Curen el cáncer; al diablo con los PERROS DE GUERRA!". Otro se lamentó: "¿Por qué no pueden más bien fabricar robots para recolectar cosechas para que los alimentos sean más baratos?".
En una economía de la atención, los coches voladores y los superperros son distracciones financiadas con fondos privados que desvían la atención de la tarea científica, más tediosa y compleja, de combatir las enfermedades, la contaminación y el cambio climático. Mientras tanto, corremos el riesgo de perder nuestro sentido de asombro ante avances que representan fundamentales cambios para la humanidad, como el aire limpio y las vacunas, ya que la actual administración estadounidense parece estar empeñada en destruir las directrices de salud y debilitar a organizaciones como la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés).
Warhound fue concebida por Lamm — cuya compañía, Colossal Biosciences, trabaja en el uso de la tecnología genética con la esperanza de recuperar especies extintas como el dodo y el mamut lanudo — y Palmer Luckey, quien cofundó la empresa de tecnología de defensa y drones Anduril (que lleva el nombre de la espada "Llama del oeste" de la obra de J. R. R. Tolkien, "El señor de los anillos"). Warhound ya ha recaudado US$200 millones de inversionistas y está valorada en US$1.2 mil millones; su director ejecutivo, David Spirk, es un exdirector de datos del Pentágono con vínculos con Palantir Technologies (cuyo nombre proviene de las palantiri, las esferas de cristal que todo lo ven en la épica obra de Tolkien).
Según un portavoz de Warhound, el objetivo de la compañía es aumentar las posibilidades de que los perros de servicio — en su mayoría pastores belgas malinois y pastores alemanes adquiridos de criadores europeos — completen el entrenamiento sin complicaciones como la displasia de cadera (cuando la articulación de la cadera crece de manera anormal, lo que provoca artritis), los problemas oculares y la predisposición al cáncer. Esto se logrará, según le explicó el portavoz al Financial Times (FT), "partiendo de las líneas genéticas de mejor desempeño, descartando los marcadores genéticos asociados a afecciones que pongan fin a su carrera, y dotando a los perros de equipo protector y herramientas de conciencia situacional". En otras entrevistas, Lamm ha señalado que las líneas genéticas de los mejores perros actuales podrían modificarse para aumentar su longevidad y desempeño, por ejemplo, un sentido del olfato mejorado.
En última instancia, el objetivo de la empresa nueva es proporcionarle a EEUU su propio suministro de animales militares de calidad superior. Si bien Warhound será propietaria de las líneas celulares almacenadas en el biobanco, el portavoz de la compañía le aclaró al FT que los perros no se venderán como mascotas.
A pesar de que la American Humane Society (AHS) se ha asociado con Warhound para certificar el bienestar de los animales, otras organizaciones han condenado el plan. Colleen O’Brien, de Personas por el Trato Ético de los Animales (PETA, por sus siglas en inglés) — la organización de defensa de los derechos de los animales — dijo: "Es una lástima que algunas personas con enormes cantidades de dinero tengan tan poco sentido común. Modificar genéticamente a los perros para realizar peligrosas tareas militares es una idea sorprendentemente anticuada en un momento en que otras agencias están dejando de usar perros para dar paso a la robótica, a la IA y a otras tecnologías de vanguardia".
El ejército estadounidense ya está probando perros robot con inteligencia artificial (IA) — o robots cuadrúpedos autónomos — para tareas de reconocimiento, inspecciones peligrosas y operaciones terrestres. El portavoz de Warhound afirmó: "Ningún sensor ni robot iguala aún los instintos naturales, el entrenamiento o el olfato de un perro para detectar explosivos".
Aun así, los perros de guerra clonados, vivos y reales, ataviados con equipo militar, constituyen una fascinante trama para un país que cada semana se parece más a la distópica serie "Black Mirror". Estos canes hechos ‘a la medida’ parecerán aún más siniestros junto a la fuerza de combate cargada de testosterona que el secretario de Defensa de EEUU, Pete Hegseth, quiere desplegar. Resulta difícil imaginar un mejor episodio para lanzar en Halloween.
Anjana Ahuja. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
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