La violencia contra niños, niñas y adolescentes no se limita al maltrato físico y tampoco puede ser entendida únicamente como un problema familiar. Es una vulneración de derechos humanos, un problema de salud pública y una responsabilidad que compromete a las familias, las escuelas, las comunidades, las instituciones y al Estado.
Ese fue uno de los principales planteamientos del panel “Violencia infantil y responsabilidad social en la protección de la niñez”, organizado el 22 de julio de 2026 por la Mesa “Bioética y realidad social” de la Comisión Nacional de Bioética.
En el encuentro participaron la doctora Farah Segura Fernández y Geny Lozada, representantes de Unicef, así como el doctor Ricardo Elías Melgen, pediatra, especialista en salud pública y bioética del Ministerio de Salud Pública.
Durante el panel se abordaron las diferentes manifestaciones de la violencia infantil, sus efectos en el desarrollo de los menores y las dificultades que persisten para prevenir, detectar y atender oportunamente los casos.
Más de la mitad experimenta disciplina violenta
Uno de los datos expuestos durante el conversatorio corresponde a la encuesta MICS 2025, según la cual aproximadamente el 54.9 % de los niños y niñas de 1 a 14 años experimentó alguna forma de disciplina violenta.
El 52.4 % sufrió agresión psicológica, mientras que el 37.9 % recibió castigo físico. Además, un 12.1 % de las personas cuidadoras considera necesario el uso del castigo físico como método disciplinario.
Los participantes señalaron como especialmente preocupante la presencia de prácticas violentas en niños y niñas de entre uno y cuatro años, una etapa determinante para el desarrollo físico, emocional y cognitivo.
El castigo físico sigue normalizado
El panel puso especial atención en la aceptación social de prácticas como los correazos, chancletazos, pellizcos y golpes como mecanismos de disciplina.
Frases como “a mí me criaron así y estoy bien” reflejan, según los especialistas, una normalización cultural que contribuye a reproducir patrones de violencia de una generación a otra.
Los expertos insistieron en que disciplinar no significa maltratar. La crianza positiva no elimina los límites, sino que propone establecerlos mediante la comunicación, el afecto, la escucha, la regulación emocional y consecuencias que no impliquen violencia.
Violencia también en entornos digitales
Los participantes advirtieron que las formas de violencia contra la niñez también han evolucionado con el uso de la tecnología.
El acoso, la exposición de información personal, la explotación sexual y el acceso a contenidos perjudiciales forman parte de los riesgos que pueden enfrentar niños, niñas y adolescentes en los entornos digitales.
Por ello, consideraron necesario fortalecer la prevención y la educación digital, así como establecer mecanismos que permitan responder de manera efectiva ante situaciones que pongan en riesgo a menores de edad.
No siempre se detectan las señales
Otro de los aspectos señalados durante el panel fue la capacidad del sistema de salud para identificar posibles casos de violencia.
Los especialistas explicaron que algunos niños pueden llegar a consultas o emergencias con lesiones o manifestaciones emocionales que podrían estar relacionadas con situaciones de maltrato. Sin embargo, la identificación de estos casos no siempre ocurre de manera oportuna.
En ese sentido, plantearon que la detección no debe depender únicamente de la percepción o sensibilidad individual del personal sanitario, sino de protocolos institucionales, capacitación especializada y mecanismos claros de referencia, seguimiento y protección.
Consecuencias que pueden prolongarse
La violencia durante la infancia puede afectar distintas áreas del desarrollo y dejar consecuencias que trascienden el momento en que ocurre.
Entre sus posibles efectos se encuentran lesiones, dificultades de aprendizaje, bajo rendimiento escolar, problemas de autoestima, ansiedad, depresión, dificultades para regular las emociones y deterioro de los vínculos afectivos.
Los participantes también señalaron que la exposición a patrones violentos puede favorecer su reproducción posteriormente en las relaciones familiares, sociales y comunitarias.
Un problema que también es estructural
El conversatorio planteó que la violencia infantil no puede analizarse exclusivamente desde la conducta de las familias.
Factores como la pobreza, la exclusión social, la inseguridad alimentaria, las dificultades de acceso a servicios de salud y educación, el trabajo infantil, la discriminación, la discapacidad, la migración, la violencia comunitaria y las debilidades institucionales pueden aumentar las condiciones de vulnerabilidad.
Por esa razón, los especialistas llamaron a evitar una mirada que responsabilice únicamente a padres, madres o cuidadores y a considerar también las condiciones sociales en las que se desarrolla la crianza.
Desde la bioética, la protección de la niñez debe sustentarse en principios como la dignidad, justicia, equidad, solidaridad, responsabilidad, cuidado, no maleficencia y promoción del bienestar.
También se destacó la importancia de respetar la autonomía progresiva de niños, niñas y adolescentes y permitir su participación en las decisiones que les afectan, tomando en cuenta su edad y nivel de desarrollo.
Responsabilidad compartida
Una de las principales conclusiones del panel fue que la protección de la niñez no puede recaer en un solo sector.
La familia debe proporcionar vínculos seguros y formas de crianza libres de violencia; la escuela debe prevenir, detectar y comunicar situaciones de riesgo; los profesionales de la salud deben identificar señales y activar las rutas de protección, mientras las comunidades deben fortalecer las redes de apoyo.
A las instituciones del Estado corresponde garantizar políticas públicas, presupuesto, servicios especializados y mecanismos efectivos de protección. También se planteó la necesidad de que los medios de comunicación y las plataformas digitales asuman responsabilidades frente a los riesgos que afectan a los menores de edad.
Propuestas para fortalecer la protección
Entre las acciones planteadas durante el conversatorio figuran:
- Promover programas permanentes de crianza positiva dirigidos a madres, padres y cuidadores.
- Capacitar al personal de salud y educación en detección temprana, atención y derivación de casos.
- Establecer protocolos interinstitucionales que eviten la revictimización.
- Prohibir de manera explícita el castigo corporal en todos los entornos.
- Fortalecer el sistema nacional de protección de la niñez con personal, servicios y presupuesto suficientes.
- Desarrollar campañas para desmontar la normalización cultural de la violencia.
- Reforzar la protección de niños, niñas y adolescentes frente a los riesgos de los entornos digitales.
- Ampliar el apoyo psicológico y social para menores de edad y sus familias.
- Generar investigaciones y estadísticas que permitan diseñar políticas públicas basadas en evidencia.
- Coordinar las acciones de salud, educación, protección social, justicia, academia y sociedad civil.
- La principal reflexión del panel fue que proteger a la niñez implica actuar antes de que ocurra la violencia, identificar los factores que aumentan la vulnerabilidad y garantizar que las instituciones cuenten con las herramientas necesarias para responder.
La prevención, la crianza libre de violencia y la construcción de redes de protección fueron señaladas como elementos esenciales para que niños, niñas y adolescentes puedan crecer en condiciones de seguridad, dignidad, afecto y respeto a sus derechos.
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