Surgió en pandemia, cuando el silencio obligatorio de las cuarentenas hizo más evidente que nunca lo que los dominicanos toleran a diario: el ruido. Hoy, Vecinos contra el Ruido agrupa a más de 400 juntas de vecinos en todo el territorio nacional y se ha convertido en la voz de quienes no se atreven a reclamar por miedo a represalias de sus propios vecinos.
"Nosotros somos esa voz de aquellos que no pueden alzar su voz, de los que tienen ese terror, ese miedo a que el vecino se moleste por exigir su derecho", explicó Rosmery Bonifacio, líder de la coalición, en una entrevista con el programa Mirada Femenina.
El diagnóstico: sin horario ni límites
Según Bonifacio, el ruido en República Dominicana no respeta franjas horarias. "El peor día son los domingos", señaló. "El día del descanso, el día que uno tiene que estar descansando para prepararse para sus labores al otro día, es el peor día." El 80% de las denuncias que recibe el movimiento están relacionadas con la convivencia pacífica, conflictos que, advirtió, "muchas veces terminan en riñas y estas en catástrofes o muertes."
Los tipos de ruido que más afectan a los residentes del Gran Santo Domingo incluyen colmados y drinks con música a alto volumen, talleres mecánicos en zonas residenciales, construcciones fuera de horario permitido, vehículos con mufflers modificados y musicólogos en la vía pública.
Lo que dice la ley… y lo que pasa en la práctica
La legislación vigente establece límites claros: los colmados pueden operar hasta medianoche, las construcciones deben trabajar entre las 8 de la mañana y las 5 de la tarde —con pausa de una hora al mediodía— y la modificación de vehículos está expresamente prohibida por la Ley 63-17. Sin embargo, Bonifacio fue contundente: "Si se aplica la ley aquí, todo el mundo estuviera preso."
Los talleres mecánicos, por su parte, no pueden funcionar en zonas residenciales y deben ser denunciados ante la Procuraduría de Medio Ambiente. Cuando se trata de expendios de bebidas, es el COVA el organismo que puede revocar licencias e incluso ordenar cierres.
Una ley de convivencia en camino
El Ministerio de Interior y Policía trabaja en una nueva Ley de Convivencia que tomó como referencia los modelos de España, Brasil y Colombia. Vecinos contra el Ruido fue el único grupo ciudadano convocado a dar su opinión sobre el borrador.
"Lo que viene con la ley de convivencia no viene nada nuevo", reconoció Bonifacio. "Lo que vienen son mesas de diálogo, de resoluciones, mediación". La coalición recomendó que la implementación quede en manos de los gobiernos locales —las alcaldías—, aunque hasta ahora ninguna alcaldía del Gran Santo Domingo, salvo la de La Guayiga, ha abierto sus puertas al movimiento. La alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, lleva seis años en el cargo sin recibirlos, según denunció la dirigente.
La ministra Farid Raful, quien conoce al grupo desde su etapa como senadora, ha sido una aliada del movimiento. "Esto no es cuestión de que ella está ahí ahora; queremos seguir el mismo camino con el que esté después", aclaró Bonifacio, subrayando el carácter apartidista de la organización.
El caso que más los marcó
En diciembre pasado, el movimiento intervino en el caso de una mujer desahuciada —enviada a su casa a morir— que tenía frente a su vivienda un comercio con un musicólogo a todo volumen. "Logramos quitarle el carro hasta el 8 de enero, por lo menos para que esa persona pudiera descansar en paz", relató Bonifacio.
Salud pública en juego
Más allá de la incomodidad, la contaminación sonora tiene consecuencias médicas documentadas: taquicardia, afectaciones al sistema nervioso y pérdida auditiva. "En algún momento de nuestras vidas vamos a ver que le estamos cargando al sistema de salud dominicano por tonterías, por dejar que el divertimiento no tenga límites", advirtió la líder del movimiento.
Vecinos contra el Ruido organiza talleres, charlas y foros para educar a la ciudadanía, aunque reconocen una paradoja: "¿Quiénes van a este tipo de eventos? Las víctimas. Los victimarios no van".
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