El santoral del 18 de mayo hace referencia a mártires, gestores de la Iglesia Católica y beatos. Resalta que hoy, de acuerdo al santoral, es día de San Juan I, papa y mártir, figura central de esta jornada litúrgica.
San Juan I, papa y mártir
El santo principal del día es San Juan I, pontífice de la Iglesia Católica entre los años 523 y 526, nacido en Toscana, Italia, alrededor del año 470 d.C. Antes de ser elegido Papa —en sucesión de San Hormisdas—, desempeñó el cargo de diácono en la Iglesia romana, donde se distinguió por su piedad, inteligencia y profundo amor a la fe.
Su breve pontificado estuvo marcado por una de las tensiones más agudas de la época: el enfrentamiento entre el Imperio Bizantino del emperador Justino I y el rey ostrogodo Teodorico el Grande, ferviente seguidor del arrianismo, la herejía que negaba la divinidad de Jesucristo.
Teodorico obligó al Papa a viajar a Constantinopla para presionar al emperador a derogar las leyes que prohibían el arrianismo. Juan I realizó el viaje, convirtiéndose así en el primer papa en visitar Constantinopla, donde fue recibido por más de 15,000 fieles con velas encendidas. Sin embargo, se negó a avalar la herejía y exhortó a los fieles a mantenerse firmes en la fe católica.
A su regreso, Teodorico, furioso por el fracaso de la misión, lo mandó encarcelar en Rávena. Allí, debilitado por los malos tratos, Juan I murió el 18 de mayo del año 526. La Iglesia lo reconoció de inmediato como mártir. Su nombre figura en el Martirologio Romano y su memoria es celebrada cada año en esta fecha.
Santa Claudia, virgen y mártir
El 18 de mayo es también la festividad de Santa Claudia, una de las mártires de las primeras persecuciones romanas, venerada junto a un grupo de vírgenes que sufrieron el martirio en Ancira —la actual Ankara, Turquía— alrededor del año 303 d.C., durante la persecución del emperador Diocleciano.
Según el Martirologio Romano, Claudia formaba parte de un grupo de jóvenes cristianas —entre ellas Tecusa, Alejandra, Faína, Eufrasia, Matrona y Julita— que fueron apresadas por orden del gobernador de la región. Ante su negativa a renunciar a la fe y a ser prostituidas como castigo, las autoridades ordenaron arrojarlas a un lago con piedras atadas al cuello.
Su historia, envuelta en el misterio propio de los primeros siglos del cristianismo, ha inspirado a generaciones de creyentes como testimonio de que la fe puede ser más fuerte que el miedo y la violencia.
San Félix de Cantalicio, fraile capuchino
Uno de los santos más queridos y populares del siglo XVI, San Félix de Cantalicio (Cantalice, Italia, 1513 – Roma, 18 de mayo de 1587) encarna la santidad de lo cotidiano: la oración sencilla, la pobreza alegre y la caridad constante hacia los más necesitados.
Nacido en el seno de una familia campesina muy piadosa, desde niño pastoreaba el ganado y pasaba largas horas en oración ante una cruz que él mismo había grabado en el tronco de un árbol. Sus compañeros de juegos, al verlo llegar, exclamaban: "¡Ahí viene Félix el santo!"
Ingresó a la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos —siendo considerado su primer gran santo— y durante más de cuarenta años ejerció el oficio de limosnero en Roma, recorriendo calles y casas para sostener a su comunidad y aliviar el sufrimiento de los pobres. En ese trajín diario cultivó una vida mística profunda, siendo amigo cercano de San Felipe Neri y del futuro papa Sixto V. Su vida es un recordatorio de que la santidad no requiere grandes gestos, sino fidelidad en las cosas pequeñas.
Compartir esta nota