El santoral del 31 de julio reúne la memoria de fundadores religiosos, obispos, misioneros y numerosos mártires que dieron testimonio de su fe en distintas épocas de la historia.
Santos y beatos del 31 de julio
San Ignacio de Loyola
San Ignacio de Loyola (1491-1556) fue un noble y militar español cuya vida cambió tras resultar gravemente herido en la batalla de Pamplona. Durante su recuperación leyó obras sobre la vida de Cristo y de los santos, experiencia que marcó su conversión. Más tarde estudió teología en París y reunió a los primeros compañeros con quienes fundó la Compañía de Jesús, aprobada por el papa Pablo III en 1540.
Es reconocido como uno de los grandes reformadores de la Iglesia en el siglo XVI y como autor de los Ejercicios Espirituales, una de las obras más influyentes de la espiritualidad cristiana. Falleció en Roma el 31 de julio de 1556 y su legado continúa a través de la labor educativa, misionera y pastoral de los jesuitas en todo el mundo.

San Justino de Iacobis
San Justino de Iacobis (1800-1860) fue un sacerdote vicentino italiano enviado como misionero a Abisinia, la actual Etiopía. Dedicó gran parte de su vida a anunciar el Evangelio, formar sacerdotes locales y favorecer el diálogo con las comunidades cristianas orientales, por lo que es considerado uno de los principales impulsores de la Iglesia católica etíope.
Su misión estuvo marcada por la pobreza, la persecución, el encarcelamiento y las enfermedades, dificultades que afrontó sin abandonar a las comunidades que atendía. Fue canonizado por san Pablo VI en 1975 y es recordado por su labor misionera y su compromiso con la formación del clero indígena.

Otros santos del 31 de julio
Beata Sidonia Schelingová. Religiosa de las Hermanas de la Caridad de la Santa Cruz que protegió a un sacerdote durante la persecución comunista en Eslovaquia. Fue detenida, torturada y murió a causa de las secuelas de los malos tratos sufridos.
Beato Everardo Hanse. Antiguo ministro protestante convertido al catolicismo. Fue condenado a muerte y ejecutado en Tyburn, Inglaterra, durante el reinado de Isabel I por ejercer el sacerdocio católico.
Beato Francisco Stryjas. Laico polaco que sufrió torturas durante la ocupación nazi por mantener su fe cristiana y murió a consecuencia de la persecución.
Beato Jaime Buch Canals. Salesiano español asesinado durante la persecución religiosa de la Guerra Civil Española por mantenerse fiel a su vocación.
Beato Juan Colombini. Rico comerciante italiano que abandonó sus bienes para vivir en pobreza y dedicar su vida al servicio de los necesitados, fundando la Orden de los Jesuatos.
Beato Juan Francisco Jarriges. Presbítero que durante la Revolución Francesa fue encarcelado en una nave-prisión frente a Rochefort, donde murió enfermo por las duras condiciones de reclusión.
Beato Miguel Ozieblowski. Sacerdote deportado al campo de concentración de Dachau, donde sufrió torturas y perdió la vida por su fidelidad a la fe.
San Calimero de Milán. Obispo de Milán venerado desde los primeros siglos del cristianismo por su dedicación pastoral y el fortalecimiento de la comunidad cristiana.
San Fabio de Mauritania. Soldado que se negó a portar el estandarte oficial por fidelidad a Cristo. Fue encarcelado y posteriormente decapitado durante la persecución romana.
San Germán de Auxerre. Obispo francés que combatió la herejía pelagiana en Britania y destacó por su labor pastoral y diplomática antes de morir en Rávena.
San Tertulino de Roma. Cristiano venerado en la antigua Roma que entregó su vida durante las persecuciones contra la Iglesia en los primeros siglos.
Santa Elena de Suecia. Noble sueca dedicada a la caridad y a la construcción de iglesias. Fue asesinada injustamente y la tradición la venera como mártir.
Santos Pedro Doàn Côn Quý y Manuel Phung. El sacerdote Pedro Doàn Côn Quý y el laico Manuel Phung permanecieron cerca de siete meses en prisión antes de ser decapitados por negarse a renunciar a la fe cristiana en Vietnam.
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