El santoral del 10 de septiembre reúne a santos, beatos y mártires de distintas épocas de la historia de la Iglesia.
Santos principales del 10 de septiembre
San Nicolás de Tolentino
San Nicolás de Tolentino nació en Sant’Angelo in Pontano, Italia, hacia 1245. Ingresó en la Orden de San Agustín y dedicó su vida a la oración, la penitencia y la atención a los pobres y enfermos. Vivió durante años en Tolentino, donde desarrolló gran parte de su labor religiosa y pastoral.
Murió el 10 de septiembre de 1305 y fue canonizado por el papa Eugenio IV en 1446. Es considerado uno de los santos más importantes de la tradición agustiniana y es conocido especialmente como protector de las almas del purgatorio. Su memoria litúrgica se celebra cada 10 de septiembre.

Beato Sebastián Kimura y compañeros
Beato Sebastián Kimura fue un sacerdote jesuita japonés perteneciente a una familia vinculada al cristianismo. Ejerció su ministerio en Japón durante una época de fuertes persecuciones contra los católicos. Continuó predicando y administrando los sacramentos pese al peligro de ser descubierto.
Fue arrestado y ejecutado en Nagasaki en 1622 junto con otros cristianos. Murió por decapitación y forma parte del grupo de mártires japoneses reconocidos por la Iglesia. Su testimonio representa la persecución sufrida por los cristianos durante el periodo de prohibición del cristianismo en Japón.
Otros santos del 10 de septiembre
Beato Jacobo Gagnot. Fue un sacerdote carmelita francés del siglo XVIII. Durante la Revolución francesa fue perseguido y deportado junto con otros religiosos; murió en prisión en condiciones de enfermedad y abandono, y es venerado como mártir de la persecución religiosa.
Beato Oglerio de Locedio. Fue un monje y abad cisterciense italiano del siglo XIII. Gobernó la abadía de Locedio y destacó por su formación religiosa y su labor dentro de la comunidad monástica. Murió hacia 1214 y es venerado como beato.
San Agabio de Novara. Fue obispo de Novara, en Italia, durante el siglo V. Se le recuerda por su labor pastoral y por la consolidación de la comunidad cristiana de su diócesis.
San Autberto de Avranches. Fue obispo de Avranches, en Normandía, durante los siglos VII y VIII. La tradición lo relaciona especialmente con la promoción del culto a San Miguel y con el origen religioso del Mont-Saint-Michel.
San Eduardo Barlow. Fue un sacerdote benedictino inglés que ejerció clandestinamente su ministerio durante las persecuciones contra los católicos en Inglaterra. Fue arrestado y ejecutado en 1641, ahorcado, destripado y descuartizado, y es venerado como mártir.
San Nemesio de Alejandría. Fue un cristiano de Alejandría que sufrió el martirio durante las persecuciones del Imperio romano en el siglo III. Según la tradición, fue condenado y ejecutado por su fe cristiana.
San Salvio de Albi. Fue monje y posteriormente obispo de Albi, en la Galia, durante el siglo VI. Se distinguió por su vida religiosa y su dedicación pastoral antes de morir hacia el año 584.
San Teodardo de Spira. Fue obispo de Spira, en la actual Alemania, durante el siglo VII. La tradición cristiana lo considera mártir, pues murió asesinado mientras ejercía su misión episcopal.
Santa Pulqueria de Constantinopla. Fue emperatriz del Imperio romano de Oriente durante el siglo V y tuvo un papel destacado en la defensa de la doctrina cristiana. Apoyó la vida monástica y participó en las controversias teológicas de su tiempo, especialmente en defensa de la doctrina sobre Cristo.
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