Este Sábado Santo, monseñor Alfredo de la Cruz Baldera, obispo de San Francisco de Macorís, exhortó a los fieles a detenerse y abrazar el silencio como una forma de cuidar la vida interior y sostener la esperanza cristiana en la antesala de la Pascua.

En su mensaje, el prelado describió la jornada como “el día del gran silencio”, cuando la Iglesia “se detiene” ante el sepulcro donde fue depositado el cuerpo de Jesús. Para subrayar el clima de espera, evocó el pasaje del Evangelio de Mateo (27,61): “Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro”. Para el obispo, esa imagen retrata una vigilia que no se rinde: mujeres que, “en vela”, custodian la esperanza.

Monseñor De la Cruz Baldera señaló que el silencio de este día no es una pausa estéril, sino un lenguaje espiritual que interpela. Al recordar una antigua homilía de los Padres de la Iglesia sobre el “grande y santo sábado”, aludió a una idea central de la tradición: la creación queda en calma porque “Dios se durmió en la carne”. En esa perspectiva, el silencio no niega el dolor de la tumba, pero anuncia que la historia no termina allí.

El obispo trasladó esa clave litúrgica a la vida cotidiana: advirtió que el mundo actual vive “saturado de ruidos” que, lejos de informar o acompañar, terminan por “ensordecer el alma” e impedir que las personas perciban “los latidos” de su propio corazón. Frente a esa dinámica, afirmó que el Magisterio propone este día como un modelo para la vida interior, porque “el silencio no es ausencia, sino la condición necesaria para la escucha”.

Como sustento bíblico de esa invitación, citó el relato de 1 Reyes (19,12), donde Dios no se manifiesta en el estrépito, sino “en el susurro de una brisa suave”. En esa línea, insistió en que la experiencia de fe requiere espacios de interioridad: no para evadir la realidad, sino para volver a ella con claridad y sentido.

De manera directa, monseñor Alfredo de la Cruz Baldera hizo un llamado pastoral concreto: buscar durante el día un momento de “silencio absoluto” y permitir —dijo— que “el silencio de la tumba” purifique los sentidos. La finalidad, añadió, es llegar a la noche con el corazón dispuesto a escuchar con nitidez el anuncio de la Resurrección.

El mensaje cerró con un deseo breve, a modo de envío: “Paz y bien”.

Elvira Lora

Subdirectora

Periodista especialista en investigación, documentación y derechos humanos. Doctora en Periodismo & Comunicación de la #UAB. Productora transmediática y fundadora de una plataforma de periodismo feminista Ciudadanía Fémina.

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