En el Sermón de las Siete Palabras, la hermana Zoila María Mercedes López abordó la expresión “Tengo sed”, que se encuentra en el pasaje de Juan 19:28, como una experiencia real del sufrimiento de Jesús y, al mismo tiempo, como una referencia para leer la realidad actual.
“No era un teatro, era sed de verdad”, subrayó, al describir a un Jesús con labios resecos, garganta seca y deshidratado, tras la violencia sufrida antes de la crucifixión.
Resaltó que esta expresión responde al cumplimiento de la Escritura, al recordar el pasaje en el que al justo se le da vinagre en medio de su sed.
Sostuvo, también, que la frase muestra a un Jesús plenamente humano, que sufre como cualquier persona, pero también revela una sed más profunda: sed de amor, justicia, paz y dignidad.
Señaló además que Jesús se hace solidario con quienes hoy siguen teniendo sed, como los enfermos que han perdido la esperanza, personas que reclaman servicios públicos más dignos, inmigrantes, así como mujeres y niños que exigen respeto a su vida y dignidad.
También criticó a los políticos que abusan del poder, y la desconexión entre quienes gobiernan y las necesidades de la población.
Tengo sed de ver a mi pueblo feliz y no exprimido por unos políticos que sirvan al pueblo y no que se sirvan de él.
Planteó, además, la necesidad de una Iglesia más cercana a los pobres.
Abordó además la violencia intrafamiliar y los feminicidios. La religiosa destacó sus consecuencias en niños que quedan huérfanos y en familias fracturadas, presentando estos hechos como síntomas de una sociedad que no logra proteger la vida ni garantizar entornos seguros.
Así como la falta de acciones a favor de los más vulnerables y los jóvenes. Advirtió sobre una crisis de identidad, al indicar que muchos buscan llenar sus vacíos en las redes sociales o en espacios que no quitan la sed, en medio de la falta de referentes.
Jesús sigue diciendo tengo sed, de acciones concretas por los
abandonados, y necesitados, en los jóvenes que buscan saciar su sed en las redes; porque se
encuentran vacíos y carentes de verdaderos paradigmas, y una gran falta de identidad. Sin
disfrutar la filiación divina prefieren desear ser un animal en lugar de ser un auténtico hijo de
Dios, felices siendo personas a imagen de Dios.
También llamó la atención sobre la soledad en medio de una sociedad interconectada con los que están lejos, pero desconectada de los cercanos. La religiosa describió una realidad que se traduce en aislamiento, especialmente entre adultos mayores, niños en situación de vulnerabilidad y otros sectores en abandono.
Indicó que, aun sediento, Jesús se ofrece como respuesta. Afirmó que cualquier sed puede ser saciada en Él a través de la fe, la esperanza, la alegría y el perdón, y que desde esa experiencia también se puede responder a la necesidad de otros.
Además, insistió en que no se puede ser indiferente ante el sufrimiento humano y recordó que Jesús no se bajó de la cruz, presentando ese gesto como un signo de fidelidad en medio del dolor.
También señaló que, desde el bautismo, el creyente está llamado a convertirse en fuente para otros y a no perder la esperanza.
Jesús tiene sed de vernos junto a Él como hermanos viviendo la fraternidad, es su gran sueño, no perdamos la
esperanza no todo está perdido, no estamos solos, reavivemos nuestra fe y seamos parte del
sueño de Dios.
5TA. PALABRA. TENGO SED. HNA. ZOILA MARÍA MERCEDES (1)
Contexto teológico y bíblico de la Quinta palabra: “Tengo sed” (Juan 19,28)
La expresión “Tengo sed”, pronunciada por Jesús en la cruz, se ubica en la etapa final de la crucifixión y es presentada en el Evangelio de Juan como un acto consciente y deliberado. El texto señala que Jesús, sabiendo que todo estaba consumado, dice estas palabras con el propósito de dar cumplimiento a la Escritura.
Este detalle sitúa la frase más allá de una reacción espontánea al sufrimiento físico. En el relato, la sed de Jesús también funciona como un elemento que conecta directamente con la tradición profética del Antiguo Testamento, en particular con el Salmo 69, donde se describe al justo que, en medio de su aflicción, recibe vinagre en lugar de alivio. Durante la crucifixión, este gesto se repite, reforzando la lectura de continuidad entre ambos textos.
Desde el punto de vista teológico, la frase cumple una doble función. Por un lado, evidencia la condición humana de Jesús, sometido a un proceso de sufrimiento físico extremo que incluye deshidratación, pérdida de sangre y agotamiento. Por otro, reafirma la idea de que su muerte ocurre dentro de un marco interpretativo definido por el cumplimiento de un plan salvífico.
El Evangelio de Juan hace un contraste en su propio relato: el mismo Jesús que, en capítulos anteriores, se presenta como fuente de agua viva, aparece ahora en la cruz manifestando sed. Esta tensión narrativa subraya el carácter total de su entrega.
Por lo tanto, “Tengo sed” se puede entender como una expresión que articula tres dimensiones del relato: el cumplimiento de las Escrituras, la manifestación concreta de la humanidad de Jesús y la culminación de su misión redentora.
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