Durante su intervención, Díaz afirmó que su generación ha sido "una generación de luchadores por un mundo mejor" y que el legado más valioso son "las energías invertidas en esa lucha".
"Creo que aunque algunos se quedaron sentados al borde del camino y otros transitaron en dirección contraria, en general hemos sido una generación de luchadores por un mundo mejor y atesoramos las energías invertidas como el legado más sublime de nuestras vidas", expresó.
El autor subrayó la necesidad de mantener el compromiso activo ante los desafíos del presente: "Lo importante, lo que trasciende, es no detenerse para no quedar petrificado como la mujer de Lot que miró hacia atrás".
Citó a León Felipe al pedir: "Solo le pido a Dios que el dolor, la guerra, lo injusto y el futuro no me sean indiferentes. Que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente".
A sus 80 años, Díaz dijo sentirse "invadido por tiempos y frustraciones, insatisfecho pero orgulloso de lo que he podido ser". Advirtió sobre los retrocesos actuales: "Me espantan los retrocesos que registra la sociedad universal de estos días, echando por la borda las construcciones de valores, instituciones y organismos del último siglo".

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