El documento existe. Está escrito. El perfil de egreso del nivel primario dominicano, actualizado en octubre de 2023, describe a un niño o niña que reconoce sus derechos, coopera en las tareas del hogar "al margen de estereotipos de género" y observa la realidad con sentido crítico. Lo dice con esa precisión. Lo dice en papel. Luego están los reveladores números del Informe Pisa 2025.
República Dominicana obtuvo 361 puntos en ciencias en PISA 2025, 346 en lectura y 339 en matemáticas. El promedio OCDE ronda los 461 y 463 puntos en esas dos últimas áreas. Solo el 26 % de los estudiantes dominicanos alcanzó el nivel básico en ciencias, el 23 % en lectura y apenas el 9 % en matemáticas. Ninguno llegó a los niveles 5 o 6, los de excelencia. El país quedó en el puesto 83 de 90 en el ranking global.
"Si algo ha pisado duramente el sistema educativo dominicano preuniversitario son los resultados de este informe PISA 2025", dice Mary Cantisano, pedagoga con décadas de trabajo en formación docente y políticas educativas con enfoque de género.
El currículo y la praxis
Para Cantisano, la distancia entre lo escrito y lo practicado es el nudo central del problema. Los fundamentos curriculares dominicanos incorporan enfoques histórico-cultural y sociocrítico. La formación inicial docente los menciona. El aula, con frecuencia, los ignora.
"Una cosa es lo escrito y otra cosa es lo practicado. Una cosa es la teoría, otra cosa es la praxis", señala. "No se percibe que en la formación inicial se trabaje desde este pensamiento crítico, desde la recuperación de la memoria histórica en las relaciones mujeres y hombres, en la deconstrucción de esas relaciones de opresión, de violencia, de maltrato, de agresión".
El resultado, según su lectura, no es solo académico. Es un ser humano formado con déficits que van más allá de las matemáticas o las ciencias: "Los resultados lo que nos están diciendo es que hay un ser humano con estas limitaciones, con estas deformaciones. Les restan valores, les restan principios, les restan reflexión, les resta criticidad, les resta autoestima".
Uno de cada cuatro, víctima
El informe PISA 2025 registra que el 27 % de los estudiantes dominicanos reporta sufrir acoso escolar varias veces al mes, por encima del promedio OCDE. Más de uno de cada cuatro compañeros de aula es víctima.
Cantisano conecta ese dato con algo que el informe no mide directamente: el sistema patriarcal que opera dentro y fuera del centro educativo. "La escuela se presta, por consecuencia, a reproducir las desigualdades, las inequidades, los abusos, en particular los abusos desde los niños contra las niñas, desde los adolescentes contra las adolescentes."
Lo llama pedagogía invisible: "Es lo que vivimos cotidianamente y no nos damos cuenta de que estamos aprendiendo, de que son mediaciones, contenidos, que lejos de garantizar la construcción de un ser humano integral, reproduce prácticas de la naturaleza de una construcción social de violencia de hombres contra mujeres, que terminan en los feminicidios".
La escuela no genera ese patrón sola. Lo recibe de la familia, de la comunidad, de los colmadones, las bancas de apuesta y los puntos de drogas que también forman parte del entorno escolar. "Hablar de violencia en las escuelas es hablar de comunidad, escuela, familia, Estado", precisa.
La brecha que tiene historia
En ciencias, los estudiantes superan a las estudiantess por 7 puntos. En lectura, las mujeres superan a los varones por 30. La distancia en lectura es cuatro veces mayor que la de ciencias, y Cantisano no la atribuye a diferencias neurológicas sino a prácticas cotidianas que el sistema educativo no ha cuestionado.
"La mujer de la puerta hacia adentro, cuidando, atendiendo en la casa la salud de su familia, leyendo y atendiendo recetas médicas. Es una lectura práctica", explica. Del otro lado, los varones manejan presupuestos, calculan en las bancas de apuesta, operan en espacios donde el número tiene uso inmediato. Ninguno de los dos recorridos fue diseñado por la escuela, pero la escuela tampoco los interrumpe. "Serían temas para salir mejor en la próxima prueba PISA", dice, con una ironía que no esconde la preocupación.
Los que rompen la correlación
Un dato del informe llama la atención en sentido contrario: el 12 % de los estudiantes dominicanos del cuartil socioeconómico más bajo logró ubicarse entre el cuarto de mejor desempeño en ciencias, un resultado comparable al promedio OCDE. Hay estudiantes que rompen la correlación entre pobreza y bajo rendimiento.
Cantisano no tiene una explicación única para ese grupo, pero sí una advertencia sobre cómo leerlo: el sistema no produce esos resultados de manera sistemática. Los produce a pesar de sí mismo. "Hay una dispersión, una descoordinación, un ir por un lado, ir por otro", describe. La familia, el profesorado, la comunidad y las políticas educativas se mueven sin coordinación, y en ese desorden algunos estudiantes encuentran, de todas formas, condiciones para aprender.
La soberanía que no llega al aula
PISA 2025 evaluó resolución de problemas computacionales. República Dominicana obtuvo 379 puntos frente a los 500 del promedio OCDE. La brecha digital no es solo técnica.
Cantisano describe lo que ocurre en la formación continua de docentes, donde la modalidad virtual, adoptada durante la pandemia y sostenida después, se enfrenta a una realidad cotidiana: "Las maestras, los maestros dicen: 'No me puedo conectar, la señal está mala, si prendo la cámara no puedo, tengo que comprar un paquetico'."
Hablar de soberanía digital en este panorama, dice, exige hablar de planificación nacional: conectividad, servicio eléctrico, economía. "La educación no es el centro educativo. El sistema educativo tiene que considerar las áreas de la economía nacional, ese gran paraguas macro de los servicios de conectividad".
Lo que PISA no mide
El informe captura ciencias, matemáticas y lectura. No mide valores. Cantisano señala que el sistema educativo dominicano tampoco cuenta con un instrumento propio que lo haga: "No estamos haciendo la investigación-acción que amerita todo sistema educativo."
Si pudiera agregarle una pregunta al cuestionario de PISA, ¿cuál sería? La pedagoga apunta hacia la lectura crítica: qué leen los estudiantes dominicanos, con qué estrategias se trabaja la comprensión, qué ejercicios construyen pensamiento reflexivo. "Decolonizar el saber, decolonizar el poder, cuestionar la intención, la intromisión de un pensamiento único".
Porque el problema, insiste, no empieza ni termina en los puntajes. "Los resultados lo que nos están diciendo es qué pasa en los terrenos, en la sociedad, en la comunidad misma". Los números de PISA son un insumo para la reflexión, no el diagnóstico completo. El diagnóstico completo requeriría una investigación que, por ahora, nadie está haciendo.
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