La marcha convocada por el Movimiento Justicia Jet Set reunió a familiares de víctimas del colapso del centro de entretenimiento Jet Set, ocurrido el 8 de abril de 2025, con un reclamo central: un proceso judicial sin privilegios y con sanciones para los responsables.
En el punto de concentración, en la estación Juan Bosch del Metro, y en el trayecto hacia el Palacio Nacional, los dolientes centraron su mensaje en la memoria de quienes murieron y en la exigencia de respuestas institucionales.
Rafael Navarro, padre de Evelyn Mariela Navarro de León, sostuvo que su presencia responde a una sola demanda: justicia para su hija. “Ya yo no he vuelto a ser el hombre que era, pero tampoco me voy a quedar así. Que lo sepan, que esto no se va a quedar así, cueste lo que cueste”, dijo.
Su testimonio colocó el foco en lo que describió como falta de voluntad de las autoridades para dar seguimiento al caso y en la necesidad de que el expediente avance sin excepciones.
A pocos metros, Lidia Pérez, hermana del merenguero Ruby Pérez, también víctima del colapso, afirmó que la persistencia de los familiares no responde a un impulso momentáneo, sino a una decisión sostenida.
Apeló a una imagen religiosa para describir la estrategia de insistencia ante las instituciones. “Para muchos somos inoportunos, pero nosotros estamos pidiendo justicia. No nos vamos a cansar por generaciones de reclamar, en todas las instancias nacionales e internacionales”, expresó. En su intervención, además, fijó una cifra mayor de fallecidos y denunció un intento de minimizar el hecho: “Fueron más de cuatrocientas personas que murieron y quieren pasar este hecho como algo inadvertido”, afirmó, en contraste con el número de 236 fallecidos que otros manifestantes citaron en la marcha.
En otro punto de la concentración, Navarro volvió a relatar la situación de las hijas que dejó su hija, fallecida a los 35 años. Según su versión, tras la muerte quedaron dos niñas huérfanas y, pese a promesas de acompañamiento psicológico y ayuda económica, no recibió respaldo.
Su declaración incluyó un rechazo directo a lo dicho por Antonio Espaillat, del Jet Set, sobre supuestas ayudas a huérfanos. “A mí en mi casa no han ido. Nada absolutamente. Ni la necesito”, sostuvo. El reclamo, más allá del apoyo material, apuntó al abandono que, según él, siguió a las declaraciones públicas y a los anuncios oficiales.
Otro de los dolientes, que evitó detallar su identidad por temor a represalias, expresó que no esperaba una reparación personal por parte del Estado y que su motivación se relacionaba con la prevención. “Nadie me la va a devolver”, dijo, y agregó que su fe representaba el único sostén que reconocía en ese momento.
En su testimonio, introdujo una denuncia técnica: aseguró que el colapso se pudo evitar con refuerzos estructurales y cuestionó modificaciones que, a su juicio, incrementaron el peso sobre la estructura. “Para mí fue sorprendente cuando llegué y vi seis niveles de pañete. Eran toneladas, era imposible”, relató.
También recordó los días posteriores a la tragedia y describió el proceso de identificación de cuerpos como un episodio traumático. Según su versión, pasó tres días en esa tarea. Su mensaje final se centró en el sentido público de la marcha: “Lo que yo no quiero es que le pase a nadie. Quizás estamos aquí para que a ustedes no les pase”.
A lo largo del recorrido, el lema “Memorias que no olvidan” y "Queremos justicia" funcionó como consigna común para una demanda repetida en distintos tonos: esclarecimiento, responsabilidades individuales y medidas que eviten la repetición de un evento similar. Entre los familiares predominó una idea: la pérdida ya no admite reparación, pero sí exige un proceso judicial que no cierre en falso.
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