“¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!” Con esa proclamación central de la fe cristiana, monseñor Alfredo de la Cruz Baldera compartió un mensaje pascual en el que colocó el sentido de la Resurrección no solo en el plano religioso, sino también como una interpelación directa a la realidad contemporánea, marcada —advirtió— por “las sombras de la guerra y la violencia”.

En su reflexión, la Pascua aparece como un contrapunto frente a cualquier normalización del dolor. “La Pascua se levanta como una denuncia profética contra la muerte”, afirmó, al tiempo que reivindicó la esperanza como una postura activa: no como evasión, sino como responsabilidad. “La fe no es una huida, es un compromiso”, sostuvo.

La idea de compromiso atraviesa todo el mensaje: resucitar con Cristo —planteó— implica rechazar “toda cultura de muerte” y proclamar, en lo concreto, que la vida humana “es inviolable”. En esa línea, el obispo propuso que la alegría pascual no se reduzca a un saludo litúrgico, sino que se traduzca en una fuerza social capaz de reconstruir la convivencia: “En un mundo herido, la alegría del resucitado es nuestra fuerza para constituir la paz”.

Para subrayar el alcance de su exhortación, De la Cruz Baldera citó a san Agustín: “Somos un pueblo pascual y el aleluya es nuestra canción. No nacimos para el sepulcro, sino para la eternidad”. En el marco de su mensaje, esa afirmación apunta a una visión de futuro que se opone a la resignación: la vida —sugirió— no puede quedar atrapada en la lógica de la violencia, ni en prácticas que degradan la dignidad humana.

El obispo también apeló a un pasaje del Evangelio de Juan para enmarcar el horizonte de la vida como plenitud: “Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia” (Jn 10,10). A partir de esa cita, insistió en una orientación pastoral que, en la práctica, invita a promover condiciones de paz, cuidado y justicia como parte inseparable del mensaje cristiano.

El tramo final de su alocución aterrizó el llamado en clave nacional, con una enumeración que funciona como consigna ética y social: “Que este pueblo dominicano resucite al amor, resucite a la vida, resucite a la cordura, resucite a la justicia”. Y remató con una invitación directa: “Feliz Pascua de Resurrección. Vivamos para la vida”.

El mensaje se entiende dentro de un marco más amplio de reflexiones compartidas por el prelado durante Semana Santa. En un pronunciamiento previo por el Jueves Santo, De la Cruz Baldera había instado a “desarmar” la lógica del poder y a comprender la autoridad —incluida la política— como servicio y justicia social, con especial atención a quienes sufren y quedan excluidos. En conjunto, ambas intervenciones dibujan una misma línea: el cristianismo, leído desde la realidad social, no se limita al rito, sino que llama a la transformación de las relaciones humanas, del ejercicio del poder y de la manera en que una sociedad protege la vida.

Elvira Lora

Subdirectora

Periodista especialista en investigación, documentación y derechos humanos. Doctora en Periodismo & Comunicación de la #UAB. Productora transmediática y fundadora de una plataforma de periodismo feminista Ciudadanía Fémina.

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