A sus 12 años, Jhosmairy García tomó el micrófono y habló con una claridad que pocos adultos logran: «Hemos aprendido a construir nuestros sueños, a cuidar nuestra salud mental, a manejar nuestras emociones y a tomar decisiones responsables». Su voz representó la de otros 99 niños, niñas y adolescentes que se graduaron del programa Fabricando Sueños en Dajabón, una provincia fronteriza que, pese a avances significativos, sigue siendo una de las demarcaciones con mayor incidencia de embarazo adolescente en el país.
Una frontera en transformación, pero todavía en alerta
Los números cuentan dos historias a la vez. Entre 2019 y 2025, Dajabón logró reducir en un 43% los embarazos en adolescentes, un descenso que las organizaciones presentes en la graduación atribuyen, en parte, a programas como el que ahora celebra su nueva cohorte. Sin embargo, la provincia registró 151 casos solo en 2025, con una tasa del 24.59%, lo que la mantiene entre las demarcaciones de mayor riesgo del país, junto a Monte Cristi, Valverde y Elías Piña.
A nivel nacional, la situación también muestra señales mixtas. Según datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), en 2025 se registraron 16,481 embarazos en adolescentes, una reducción del 7.65% respecto a 2024. Pero dentro de esa cifra, 826 casos —el 5.01%— correspondieron a niñas menores de 15 años, un dato que las autoridades sanitarias califican como especialmente preocupante dado el marco legal vigente que prohíbe las uniones tempranas.
Carol Canales, coordinadora del proyecto Salud y Vida Segura, fue directa al evaluar el momento: «Cuando una persona adolescente fortalece su autoestima, aprende a relacionarse desde el respeto y descubre que puede soñar en grande, toda la comunidad avanza». Para Canales, la graduación en Dajabón no es solo un acto simbólico, sino «un paso crucial para garantizar el respeto de sus derechos».
Cuatro pilares, un modelo que se replica
Fabricando Sueños opera a través de clubes separados —Clubes de Chicas y Team Chicos— con sesiones semanales de mentoría estructuradas en cuatro ejes: planificación del proyecto de vida, prevención del embarazo y las uniones tempranas, relaciones equitativas para erradicar la violencia de género, y desarrollo de habilidades socioemocionales como la autoestima y la resiliencia.
Los resultados que presentó Madelin Vialet, coordinadora nacional del programa en el UNFPA, son contundentes: el 92.3% de las adolescentes participantes reconoce que un embarazo a destiempo alteraría su proyecto de vida, y el 100% de las egresadas tiene un plan claro de metas educativas y laborales al concluir el ciclo.
El programa, liderado por el UNFPA y cofinanciado por la Unión Europea, ha alcanzado a más de 700 adolescentes en todo el país desde su creación. La graduación de Dajabón es la más reciente de una serie que incluyó, en abril pasado, a 102 jóvenes en Azua bajo el mismo esquema, aunque en esa edición el financiamiento provino de la Cooperación Española.
Daniela D’Urso, experta humanitaria de la Unión Europea para el Caribe, subrayó el compromiso de Bruselas con este tipo de iniciativas: «La prevención del embarazo adolescente y la lucha contra la violencia basada en género son pilares fundamentales para garantizar que cada joven pueda desarrollar su máximo potencial en un entorno seguro».
Las voces que lo cambian todo
Más allá de las estadísticas, la ceremonia dejó testimonios que ilustran el impacto concreto del programa. Diana Galván describió los clubes como «un lugar seguro donde tenemos confianza y nos motiva a seguir hacia adelante». Jadiel Báez, egresado de Team Chicos, contó que el programa le dio herramientas para comunicarse mejor con su familia y para identificar el acoso como una forma de violencia.
Arcadio Sosa, director de la Fundación de Intercambio Cultural entre los Pueblos del Caribe (FUNCAR), entidad que implementa el programa en la provincia, resumió el espíritu de la iniciativa: los jóvenes «aprendieron que cada latido cuenta, que cada persona tiene dignidad desde el primer instante, y que tienen manos para cuidar, voz para defender y corazón para amar».
El acto cerró con la entrega de certificados a cada graduada y graduado, un reconocimiento que, según los organizadores, no marca el fin de un ciclo sino el inicio de un rol: el de agentes de cambio en sus propias comunidades.
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