Más de una semana después del desastre, muchas personas siguen sin refugio, obligadas a dormir a la intemperie. Naciones Unidas calcula que más de tres millones de personas pueden haberse visto afectadas por el terremoto. La Organización Mundial de la Salud ha manifestado que la tragedia representa una emergencia de máximo nivel y ha solicitado con urgencia ocho millones de dólares.
El sismo del 28 de marzo arrasó edificios y destruyó infraestructuras en todo el país, provocando 3.354 muertos y 4.508 heridos, con 220 personas desaparecidas, según nuevas cifras publicadas por los medios estatales.
Más de una semana después del desastre, muchas personas siguen sin refugio, obligadas a dormir a la intemperie porque sus casas fueron destruidas o porque temen nuevos derrumbes.
Naciones Unidas calcula que más de tres millones de personas pueden haberse visto afectadas por el terremoto de magnitud 7,7, en un país que ya sufría las consecuencias de cuatro años de guerra civil.
"La destrucción es asombrosa", escribió en X Tom Fletcher, el máximo responsable de asuntos humanitarios y ayuda de la ONU. "El mundo debe unirse detrás del pueblo de Birmania", añadió.
Birmania está en manos de una junta militar dirigida por el general Min Aung Hlaing desde el golpe de Estado de 2021 que desató una guerra civil.
Según la ONU la junta ha llevado a cabo decenas de ataques desde el sismo e incluso después de declarar una tregua temporal el pasado miércoles.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha manifestado que la tragedia representa una emergencia de máximo nivel y ha solicitado con urgencia ocho millones de dólares (alrededor de 7,3 millones de euros) para intensificar las operaciones de socorro en los próximos 30 días. Además, ha advertido de que el alto número de heridos con traumatismos corre un grave riesgo de infección debido a la limitada capacidad quirúrgica del país.
Por su parte, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja alerta del enorme riesgo de que las altas temperaturas y la proximidad de la temporada de monzones desaten “crisis secundarias” que agraven la situación.
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