Donald Trump ha declarado la guerra comercial al mundo entero. El presidente estadounidense lanzó su ofensiva el miércoles 2 de abril, y nadie ha salido indemne, ni amigos ni enemigos. Al menos un 10% y a veces más para algunos países, como China, Vietnam y Camboya. Brasil es uno de los “afortunados”, afectado sólo por un aumento del 10%. Análisis.

Por Stéphane Geneste

En primer lugar, conviene recordar que Brasil y Estados Unidos están vinculados económicamente. Estados Unidos es el principal inversor en la mayor economía de América Latina. Brasil es también uno de los principales exportadores de la región. Entre ellos destacan la soja, la carne vacuna, el pollo y el acero. Los estadounidenses también importan mucho. Pero la balanza comercial entre ambos países es superavitaria del lado estadounidense, lo que supone una ventaja para Brasilia.

Lejos del punto de mira de Donald Trump

Donald Trump tiene en el punto de mira a los países que exportan más a Estados Unidos de lo que importan. Por lo tanto, Brasil puede aprovecharse de esta situación. El presidente Lula lo ha entendido perfectamente. No quiere poner fin al diálogo con Washington. Como prueba de ello, la semana pasada una misión brasileña estuvo en la capital estadounidense para mantener conversaciones con la administración Trump. Eso no ha impedido, sin embargo, que Brasil haya respondido con la votación en el Parlamento, hace unas horas, de una ley para tomar represalias contra las medidas estadounidenses. Pero el Gobierno brasileño también ha forjado otras alianzas que le permiten no sufrir demasiado.

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La alternativa china

Una de estas nuevas relaciones es con China.  De hecho, Pekín se ha convertido en el principal socio comercial de Brasil. Los dos países comercian mucho. Las empresas brasileñas exportan sobre todo soja, pollo y carne de vacuno. Y ahí es donde la cosa se pone interesante, porque China está especialmente en el punto de mira de Estados Unidos. Pekín ha respondido aumentando los impuestos sobre productos agrícolas estratégicos estadounidenses, como la soja y la carne. Por tanto, China puede encontrar en Brasil una alternativa viable para sus necesidades de bienes de consumo básicos. Las empresas chinas -y esta es la contrapartida obvia- están presentes en suelo brasileño y están invirtiendo fuertemente en la construcción de infraestructuras esenciales para la actividad económica, como carreteras, ferrocarriles y puertos.

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Una oportunidad con riesgos

Si nos fijamos sólo en el pollo y los huevos brasileños, las exportaciones de estos dos productos a China se están disparando. Entre un 9% y un 20% más que el año pasado. Prueba de que hay confianza, el índice bursátil brasileño, basado principalmente en las materias primas, ha subido un 9% en las últimas semanas, a pesar de que los principales precios mundiales están en números rojos. Pero aunque esta situación pueda parecer beneficiosa a corto plazo, a largo plazo expone a Brasil a una fuerte dependencia de China. Y si las relaciones sino-estadounidenses mejoran, todo el equilibrio que acabamos de mencionar podría volverse inestable. Las autoridades brasileñas juegan en varios frentes. Recientemente han firmado nuevos acuerdos con Japón y con los europeos en el marco del acuerdo Mercosur. Una situación que está permitiendo al país reforzar su posición en la escena comercial internacional y estimular su crecimiento económico.

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