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Doña Elsa Guzmán Rincón nos acaba de regalar un hermoso texto, «Recuerdos de mi papá». Sus palabras, tan elegantemente alineadas, me invitan a recordar algunos recuerdos del país de ayer, en compañía de mi padre. Oficialmente mi padre no figuraba en la lista de nuestros historiadores, sin embargo aún no he encontrado en los libros la increíble cantidad de situaciones y personajes que él comentaba. Ciertamente no era el único de su generación que conocía estos capítulos, pero sabía contar con algo extraordinario.
Una noche de finales de los años 60, el capitán Walter P., entonces director de la imprenta del Estado, se presentó en casa. Estaba sinceramente asustado. La traducción de una obra del presidente vitalicio para imprimir en urgencia había desaparecido misteriosamente de los talleres. Mi padre, entonces traductor de la presidencia y de las fuerzas armadas, le respondió tranquilamente que no había problema, porque trabaja en doble copia. Después de marcharse el capitán, quien entretanto había vuelto a sonreír, mi padre me confió: las hojas de cualquier obra pueden extraviarse en los talleres de una gran imprenta. Pero en este caso preciso, fue la policía política del presidente François Duvalier, hábilmente instalada en los talleres, que desplazó la traducción para observar cómo reaccionaría el director. Para observar también con qué cuidado los técnicos avanzaban en la confección del libro.
Recuerdo su rostro el 7 de febrero de 1986, cuando el presidente Jean-Claude Duvalier entregó el poder a las fuerzas armadas, antes de viajar al exilio. El peso de su mirada detrás de sus gafas ya anunciaba que caminábamos hacia una transición problemática. Treinta y nueve años más tarde me gustaría agradecerle por esta lucidez implacable.
También fue el personaje que nos invitó a beber los refrescos saborizados únicamente los domingos. Cuando un día me atreví a preguntarle por qué. Me respondió muy sabiamente: todos los productos para elaborarlos son importados. Es posible que un día esta importación ya no esté a nuestro alcance. Hay que saber medir. No sé si había presentido que un día me enamoraría de Gascue; me animó a leer « La era de Trujillo» y «Trujillo : la trágica aventura del poder personal ». En un texto anterior conté cómo sus amigos venían a escuchar los discos de Lope Balaguer a casa. Así descubrí «Por Amor» del maestro Rafael Solano.
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