Sé lo que dirán: otro “popi” apoyando a un partido de privilegiados y riquitos. Sin embargo, quienes digan esto carecen de toda sustancia de pensamiento y criticidad. Un breve análisis de la realidad de nuestra desdichada República basta para aclarar por qué el partido político fundado por Minou Tavárez Mirabal representa —bajo las condiciones materiales actuales— el futuro de esta nación.
Como marxista abierto, crítico, antidogmático y heterodoxo de toda la vida, y habiendo participado en una larga serie de luchas sociales y políticas, desde Los Haitises hasta la lucha antifascista, puedo afirmar contundentemente que no existe ninguna otra fuerza política en este país con el potencial suficiente de generar y producir profundas transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales en una nación avasallada por décadas y décadas de capitalismo periférico, neoliberalismo salvaje y autoritarismos desenfrenados.
No es que Opción Democrática sea un partido perfecto o que no cometa nunca errores. No es que todas y todos los integrantes sean marxistas, socialistas, comunistas o izquierdistas duros. No es que sea mentira que hay muchas y muchos “popis” en su seno. Por lo demás, ser “popi” no es una enfermedad ni un crimen, sino un accidente de nacimiento y socialización que puede ser remediado acercándose al pueblo y abandonando todo resabio de elitismo. Se trata meramente de que es el único partido grande —entre los pequeños, claro está— que aglutina a todas las fuerzas progresistas y, más importante aún, atrae a grandes segmentos de la juventud dominicana.
Contra Opción Democrática se han vertido toda clase de acusaciones erróneas y de mala fe, desde “comunistas” (viniendo de la derecha) a “antihaitianos” (viniendo de la izquierda). Nada pudiera estar más lejos de la verdad. Opción Democrática constituye, nada más ni nada menos, que un partido pluralista, democrático, interclasista y heterogéneo. Y he ahí que reside toda su fortaleza: un plan progresista de gobierno, uniendo a todos los mejores individuos, grupos y colectividades del país, liderado por las figuras más honestas, mejor formadas y más brillantes que nuestra aguerrida nación tiene que ofrecer.
No es que Opción Democrática vaya a instaurar instantáneamente el socialismo, ni destruir el capitalismo a golpe y porrazo. En su seno hay personalidades de todas las tendencias políticas, pero especialmente progresistas y de izquierda. El papel del partido no es fungir como una especie de motor apocalíptico de un cambio brutal, veloz y feroz. Sino, más bien, se trata de un humilde partido con una humilde meta: servir meramente como un pequeño peldaño en el camino que conduce a un país y un planeta más justo, amable, decente, digno, sano y libre.
El pasado domingo 24 de agosto, tuve la honrada y placentera oportunidad de conocer al partido Opción Democrática tras diez años de dura lucha por la democracia, la justicia social, económica, ecológica y la dignidad de todas y todos los dominicanos y dominicanas. En sus rostros vi el futuro de nuestro país: un futuro donde todas y todos vivamos mejor, gocemos de libertades y derechos y tengamos la oportunidad de prosperar individual y colectivamente, para ganar el impulso de ir luchando por un mundo cada vez mejor y más humano.
Por eso, he decidido echar mi suerte —a lo Julio César— con este partido de jóvenes idealistas, utópicos y soñadores, cuyo eje central discursivo lo constituye nada más ni nada menos que la esperanza (cosa que hace mucha falta hoy en día), y fundado por la gran luchadora Minou Tavárez Mirabal, cuyo legado familiar de auténtico patriotismo y amor por la humanidad no tiene parangón en nuestra historia. Les deseo toda la suerte del mundo a Opción Democrática, y ojalá que logre aglutinar más y más fuerzas verdaderamente progresistas e izquierdistas, para que algún día, entre todas y todos, podamos construir un mejor país para nosotras y nosotros.
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