“¿Quiénes son ellos?”, se preguntó retóricamente Umberto Eco en una conferencia de 1995 titulada “El fascismo eterno”. Creo que debemos preguntarnos lo mismo.
Desde hace unos años, en la República Dominicana han ido escalando sentimientos y emociones atizadas por discursos de odio disfrazados de nacionalismo. Aunque se trata de una cuestión histórica, si tuviera que señalar un punto de partida aproximado para esta nueva ola, mencionaría la sentencia TC/0168/13 del Tribunal Constitucional. Con ella se inició una etapa en la cual se han ido creando condiciones para la gestación de un movimiento de características fascistas. Que dicho movimiento no se haya consolidado puede deberse a su estado aún incipiente y a la ausencia de un líder con la destreza suficiente para encauzar de manera efectiva las energías que se perciben en el tenso ambiente.
Más preocupante aún, en conocidos, amigos o familiares, dominicanos de a pie que se muestran como buenos ciudadanos, pero reproducen discursos de odio y violencia, bajo una paradoja tal que hace recordar a la banalidad del mal de Arendt.
Un ejemplo paradigmático de este fenómeno es la Antigua Orden Dominicana, un grupo de autodenominado “nacionalista” que cada vez ha ido tomando más fuerza con su discurso y sus movilizaciones. Su estética rememora fácilmente a los “camisas negras” de la Italia fascista, con prendas y una puesta en escena de características militares. Su discurso no se limita a la necesidad de un control frente a la inmigración haitiana, lo cual sería totalmente legítimo, sino que además atribuyen a dicha población la mayoría de los males de la nuestra sociedad, reservando algunos para los “traidores” dominicanos, dentro de los cuales posiblemente me encuentro. Tanto los haitianos como sus supuestos defensores dominicanos, a quienes estigmatizan con la etiqueta de “prohaitianos”, son los principales enemigos por vencer en una guerra cuyo objetivo sería restablecer las tradiciones, los valores y la identidad del pueblo dominicano. Como no podría faltar, la conspiranoia está presente y promueven la delirante idea de que existiría un plan de grandes potencias para destruir la dominicanidad mediante la fusión con Haití.
Aunque lo niegue, este grupo constantemente hace apología de la violencia como potencial forma de resolver el “problema haitiano”. Las soluciones tradicionales, es decir, aquellas previstas en las leyes dominicanas, no parecerían ser suficientes. Además, la condición de “víctima” del pueblo dominicano frente a las “hordas haitianas” que han invadido el territorio, así como frente a sus colaboracionistas “prohaitianos”, podría justificar cualquier actuación de respuesta, sin límites legales o morales. Estos aspectos son algunos de los que Robert Paxton identifica como la “lava emotiva” que asienta los cimientos del fascismo. No es casual que en algunas fotografías los cabecillas del grupo aparezcan retratados con un pendón que contiene el siguiente mensaje: “1937, Quisqueya despertó”, en clara alusión a la matanza ordenada por Trujillo en dicho año. Tampoco es casual que su frase favorita de Duarte -y no dudaría que la única que conocen- es la del escarmiento a los traidores.
El culto a la tradición y a la acción por la acción, el llamamiento en contra los “intrusos”, la explotación de la frustración individual o social, su obsesión nacionalista y su identificación a partir de la oposición con el enemigo haitiano, son solo algunas de las características que podrían visualizarse en este grupo y que Eco cita como propias de lo que considera “ur-fascismo” o “fascismo eterno”. O, para decirlo en términos de Enzo Traverso, un “posfacismo” que, sin embargo, conserva al fascismo como matriz.
El grupo ha llamado a marchar sobre Friusa el próximo 30 de marzo, pero a diferencia de sus homólogos italianos no será para tomar el poder. En este caso será para remover aún más esa lava emotiva de la cual habla Paxton. Han encontrado aliados en el conservadurismo tradicional dominicano y, evidentemente, en los oportunistas de momento que como buenos carroñeros pretenden sacar réditos políticos. Más preocupante aún, en conocidos, amigos o familiares, dominicanos de a pie que se muestran como buenos ciudadanos, pero reproducen discursos de odio y violencia, bajo una paradoja tal que hace recordar a la banalidad del mal de Arendt.
Frente a la inminencia de la marcha, solo queda esperar que no haya incidentes. De lo contrario, podría ser la chispa que encienda la pradera y el preludio de nuestra versión de La Noche de los Cristales Rotos. Entonces llegará el llanto y el crujir de dientes. Si esto sucediera, la historia juzgará a quienes cayeron tentados por este embrujo fascista de signo criollo.
Compartir esta nota