Con Gaza en el corazón
El empobrecimiento cognitivo, o la pérdida de habilidades mentales, puede tener diversas causas. Sabemos que en todas las enfermedades neurodegenerativas, como las demencias, así como en muchas enfermedades mentales, existe un desfase cognitivo. También se observa en la mayoría de los pacientes con enfermedades crónicas y salud frágil, quienes, debido a hospitalizaciones frecuentes, sufren aislamiento de la información cotidiana y falta de estímulos, lo que contribuye a este deterioro.
En el caso de las personas mayores, este empobrecimiento cognitivo se ve agravado por el enlentecimiento natural del procesamiento de la información. Todo lo que limite la interacción social tiene un impacto negativo en las funciones cognitivas. Por ello, en los centros europeos de atención a pacientes crónicos siempre se incluyen terapias de estimulación. De manera similar, en las unidades pediátricas de nefrología, donde los pacientes permanecen hospitalizados por largos periodos, se implementan programas de estimulación terapéutica y educativa, con orientación al entorno y acceso a información cotidiana. Está demostrado que la falta de estímulos psíquicos afecta gravemente a nuestras capacidades cognitivas, de la misma manera que la falta de ejercicio físico causa pérdida de tono muscular y atrofia.
La disminución de actividades y estímulos afecta principalmente a las funciones ejecutivas superiores, como la memoria y la capacidad de recuperación de información almacenada (proceso de evocación). Esto puede provocar un enlentecimiento en la memoria de trabajo e incluso fallos en su funcionamiento.
El empobrecimiento cognitivo genera preocupación tanto en los profesionales de la salud como en los familiares y, sobre todo, en el propio paciente. A menudo, este deterioro puede confundirse con cuadros confusionales y en personas mayores incluso con demencia.
En cuanto a la prevención y el tratamiento para contrarrestar este fenómeno, es fundamental implementar programas de estimulación que incluyan información del día a día y orientación al entorno. La cotidianidad y los ejercicios sencillos, que no interfieran con la recuperación clínica del paciente, son esenciales.
Si el aislamiento físico y psíquico se prolonga, es recomendable establecer programas de estímulo cognitivo diario. En estos casos, el uso de herramientas interactivas en ordenadores puede ser de gran ayuda tanto en niños como en adultos.
En pacientes con ingresos prolongados, es esencial que las áreas hospitalarias tengan estrategias para mantener y estimular las capacidades cognitivas de los enfermos. En casos de alteraciones metabólicas, como descompensaciones en diabetes o patologías renales crónicas, el estado cognitivo suele normalizarse una vez que los parámetros biológicos del paciente se estabilizan. En el caso de los ancianos, mantener una rutina de actividad y estimulación cognitiva es crucial para preservar sus capacidades mentales y favorecer un buen estado de ánimo.
Cada caso debe ser evaluado de manera individual, pues cada paciente tiene circunstancias particulares que requieren un enfoque personalizado.
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