El pasado domingo, 23 de marzo de 2025, fue celebrado en el Malecón de la ciudad de Santo Domingo, D.N., el Desfile Nacional de Carnaval, al cumplirse el 42 aniversario de su fundación (1983), el cual fue dedicado justicieramente a Doña Milagros Ortiz Bosch, como reina a la comunicadora Jotnna Tavárez y a Luís Rivas, el más creativo artista del carnaval, como Rey.
Con excepción de este año, por razones institucionales, todos los desfiles nacionales han sido celebrados el primer domingo de marzo. Este desfile es una síntesis y una muestra de la riqueza y la diversidad de la identidad de los carnavales locales, en ocasiones con presencia internacional, convirtiéndose en el único país donde se celebra un desfile nacional.
Este desfile nacional es una conquista del pueblo, que tiene sus raíces históricas en expresiones carnavalescas en el periodo colonial español, ya que nuestros habitantes originales no tenían carnaval porque esto es una manifestación y conceptualización europea, presente en la isla antes de 1520 en la ciudad de Santo Domingo, convirtiéndose así en el primer carnaval de América.
La ciudad colonial de Santo Domingo era un espacio de control del comportamiento individual y colectivo por una ética medieval católica y una élite ideologizada palaciega, donde algunos de sus miembros solo tenían apellidos. Los lugares públicos de diversión eran escasos y los privados eran restringidos con reglamentos represivos. Todo comenzó a cambiar con el auge de la industria azucarera, cuando las necesidades recreativas, convirtieron al carnaval en un pretexto para la catarsis, que trascendió a las carnestolendas, pasando todas festividades religiosas, políticas, históricas el terminar en carnaval.
La democratización del carnaval decreció y la élite del Poder definió espacios recreativos con aires de discriminación y exclusividades. Por ejemplo, los bailes de carnaval en lo que hoy es museo de las Casas Reales era con invitación, lo cual lo convertían en exclusivo y excluyente, dejando las calles para niveles medios y populares, donde prevalecían los naranjazos y los “ojos de cera”, que no eran más que cascarones de huevo lleno de agua perfumada de canela hervida.
El modelo colonial carnavalesco de división de bailes de la élite y las calles para el pueblo, prevaleció históricamente, salvo durante su prohibición de hecho durante la ocupación haitiana (1822-1844) y la primera intervención norteamericana (1916-1924). Este proceso inicial fue recreado durante la dictadura trujillista, sufriendo una ruptura cuando el pueblo asumió el papel de protagonismo histórico.
Una noche de febrero de 1982, en el programa de televisión de Yaqui Núñez del Risco, (“Otra vez con Yaqui”), por Color Visión, Iván Domínguez y Dagoberto Tejeda presentaron un reportaje sobre el carnaval popular de Gualey-Guachupita, donde Milagros Ortiz Bosch, guionista del programa, mujer excepcional, de fino olfato político, al ver la grabación que habíamos hecho, expresó su admiración y su trascendencia a José Francisco Peña Gómez, Síndico del Distrito Nacional y a Rafael Subervi Bonilla, Secretario de Estado de Turismo, proponiéndoles que el gobierno realizara una revalorización y apoyara a esta manifestación de la cultura popular.
Después de recibir una propuesta concreta que elaboró Milagros y Dagoberto, Peña Gómez y Fello Subervi, acogieron la misma donde se planteaba el apoyo del Estado a los carnavales locales y la organización anual de un desfile nacional de carnaval que incluyera una muestra de todos los carnavales del país en un mismo escenario, escogiéndose al malecón de la ciudad de Santo Domingo para que se pudiera apreciar la riqueza, la identidad y la diversidad del carnaval popular a nivel nacional. Esta propuesta contemplaba lo siguiente:
a). – Que el carnaval era la manifestación nacional más trascendente de la cultura popular dominicana y que cada carnaval local tenía su propia identidad, no siendo ninguno superior o más hermoso que otro, todos eran expresiones populares de la diversidad cultural.
b). – Que el carnaval era una actividad donde el protagonista era el pueblo y por lo tanto, el Estado tenía que apoyarlo como un derecho a la recreación y a la alegría.
c). – Que el Estado tenía que respetar la creatividad, las dimensiones democráticas, la libertad de esta actividad, sus expresiones de la tradición, la historia, la identidad, la sátira y la magia de la fantasía.
d). – Que el Estado comprendiera que el carnaval era un espacio para la afirmación y la revalorización de las esencias de la dominicanidad.
Fundamentado en esos principios, se definió una propuesta que contemplaba, entre otras cosas, que:
- El Estado, a través de los Ayuntamientos, el Ministerio de Turismo, debían apoyar económicamente a los carnavaleros populares.
- Que la figura del Rey Momo europea, debía de ser sustituido por Califé como rey del Desfile Nacional de Carnaval, personaje simbólico del contenido crítico del carnaval.
- Las carrozas, reminiscencia de los Corsos Floridos de las élites, pasaran a ser figuras decorativas, con reconocimientos, pero excluidas de las premiaciones.
- Las premiaciones de comparsas y personajes debían de ser clasificadas por categorías como, diablos cojuelos, tradicional, fantasía, creatividad popular, etc.
- Todos los pueblos tenían el derecho de participar en el desfile nacional, sin ningún tipo de discriminación, en total libertad de personajes y de contenidos de sus carnavales.
- El jurado debía estar compuesto por personas conocedoras del arte y la cultura, ligadas al carnaval sin ningún tipo de prejuicios ni discriminación ideológica- política-religiosa.
- Se debía de crear un concurso anual para escoger un tema musical, al igual que un concurso de fotografías para una memoria visual.
Este desfile nacional de carnaval fue organizado por el Ayuntamiento del Distrito Nacional, por el Ministerio de Turismo y finalmente, a partir del 2002, por el Ministerio de Cultura a través de la Comisión Nacional de Carnaval, la cual fue oficializada con el Decreto núm. 602-02 del presidente de la República Hipólito Mejía y reafirmado en el 2004, por el presidente Leonel Fernández.
Compartir esta nota