¿RITO SATANICO?

El ser humano es simultáneamente capaz tanto de las realizaciones más desinteresadas y sublimes como de los crímenes más abyectos imaginables, y la historia universal está llena de pruebas de ello (compárese por ej. el esforzado desarrollo y universalización de las vacunas con las viles políticas en última instancia necrófilas del nazismo). Freud reflejó esta dualidad en su doctrina hablando de un instinto de vida y de un instinto de muerte como realidades opuestas en nuestra naturaleza biopsicológica. Parecidamente, en las religiones cristianas y otras tenemos esas dos figuras polares, Dios y Satán, como personificaciones del bien y del mal. No es pues nada extraño que estos conceptos se confundan en las mentes más simples o menos cultas, y que toda expresión de maldad humana se identifique con la influencia de Satán como un personaje ubicuo, por momentos a extremos paranoides como con los desmanes de la Inquisición lo que ya debería ponernos en guardia ante los posibles excesos sin base. Por eso no nos sorprende que lo que nosotros, desde nuestra perspectiva, interpretamos como una manifestación del instinto de muerte otros le llamen manifestación satánica: en nuestra opinión esto no es en última instancia sino una cuestión puramente terminológica.

Cuando ocurren entonces crímenes chocantes, de este grado extremo e inhabitual de violencia o “maldad” (traiciones intrafamiliares, decenas de puñaladas a un menor inocente, crasa insensibilidad, con sangre y quizás sexo como telón de fondo) tan distante de las mentes comunes, para intentar entenderlos ciertas personas tienen que recurrir a conceptos igualmente extremos como la existencia de Satán o del satanismo; pero la ciencia ha conducido a otra perspectiva con sus análisis. Si se consulta el CCM (Douglas et al. 1992/2013, cap. 10), concebido según el modelo del DSM (Diagnostic and Statistical Manual) en psicopatología, se constatará que hace décadas estos expertos decidieron eliminar la designación de ‘asesinatos satánicos’ dentro de la categoría de los de causa grupal para mantener una terminología objetiva, sin juicios de valor morales-religiosos que puedan incluso confundir a los mismos investigadores criminales, desviar su atención bajo el efecto de sus creencias personales. A quien desee estudiar seriamente hasta dónde puede llegar esta confusión investigativa en un caso contemporáneo le recomendamos la apasionante lectura de la 5ta parte del libro ‘Law & Disorder’ de Douglas & Olshaker (2013, caps. 17-27) sobre el caso de ‘los tres de West Memphis’. Pero agreguemos una breve cita de este último volumen:

“Un pentagrama dejado en una escena del crimen no lo hace más un crimen satánico que una Biblia dejada en la escena lo hace uno cristiano… Se determinó en cada caso analizado [con vistas a la organización y redacción del Manual] que las implicaciones reales del [alegado] satanismo fueron secundarias, insignificantes o inexistentes. Se reveló también durante los procedimientos legales que fue la defensa la que intentó introducir el satanismo en un esfuerzo para escapar a la responsabilidad criminal o minimizar el castigo para su cliente, en vez de la fiscalía.” (p. 238).

En nuestro caso, partiendo de un alegato tardío de Redondo uno que otro opinador ha seguido sosteniendo que el asesinato Llenas Aybar tenía características “satánicas”. ¿Porqué? Por un lado se dijo que el patrón de las heridas parecía “simbólico”, sin explicar qué debía entenderse por ello: ¿formando una espiral, o mejor una cruz o un pentagrama invertidos..?; nosotros personalmente no vemos más que “múltiples heridas punzantes de patrón ajustado” tal como objetivamente descrito más arriba por Douglas en nuestra 1ra sección sobre las 34 puñaladas. Este número también llamó la atención del equipo de defensa (Artagnan Pérez, ninguna sorpresa), interpretándolo para sus fines de la siguiente manera: 33 = la edad de Cristo + 1 la estocada final en el cuello = 34; su lógica nos luce sin embargo sumamente floja, antojadiza, y nosotros podemos sugerir más de una alternativa con igual o mayor nivel de verosimilitud por ej.: 34 = 17 + 17 es decir dos (números) primos reunidos, como una especie de confesión burlona tras un acertijo. Es verdad que los números pueden portar un simbolismo (Freud 1901/1972, cap. XII) pero para llegar a su significado oculto la metodología científica de su interpretación tiene que partir de las asociaciones libres de la persona que los escogió, en este caso Redondo, no de las del propio interpretador so pena de proyectar sus propios sesgos: en una antigua y graciosa anécdota (Helvétius) una dama y un cura intentaban, telescopio en mano, identificar los supuestos habitantes de la luna, y mientras ella veía dos figuras inclinándose una hacia lo otra, con seguridad dos felices enamorados, el cura la corrigió advirtiendo que las figuras eran realmente las dos campanas de una catedral. La otra ‘evidencia’ de satanismo la constituye por supuesto el número ‘666’ supuestamente enviado por Luis Palmas vía un beeper (nunca encontrado) a Redondo como la señal para que matara al pobre muchacho, cifra que cualquiera podría haber escogido hasta conscientemente por su conocida connotación negativa y/o facilidad de marcado sin necesidad de ser un practicante de satanismo (a ello volveremos al final). Estas caprichosas elucubraciones de ninguna manera constituyen pruebas irrefutables de que el asesinato fuera parte integrante de un “rito satánico”. ¡Hasta nos llegamos a topar con un tremendista perfilador amateur quien sugirió que c/u de las estocadas fue inflingida por un perpetrador diferente siendo en total 34 los asesinos satánicos participantes, como en una novela de Agatha Christie! Por favor, este tema es mucho más serio que un juego de adivinanzas. No hay ninguna evidencia firme de que tras este asesinato hubiese una causa grupal (que es como debe designarse según la criminología científica, el CCM), mientras que sí la hay de una personal como lo seguimos analizando desde el principio (rematado con saña).

HOMOSEXUALIDAD

Otro rumor con el cual uno se topa con cierta frecuencia al estudiar la amplia documentación pública del caso es el alegato de prácticas sexuales perversas en los implicados, incluyendo orgías grupales sobre todo homosexuales asociadas al mismo ‘satanismo’ y seguramente inspiradas en parte por las declaraciones de Redondo sobre Luis Palmas (o por la ‘novelita’ escrita por Moliné), sino creadas o completadas por el morbo del público y/o de los medios de difusión poco serios; hasta la pobre víctima no ha conseguido escapar de tales injurias. Por suerte la homosexualidad es una inclinación que puede reflejarse con mucha confiabilidad en los tests aplicados, y sólo la mencionamos por la argumentación recién descrita. Concentrándonos exclusivamente en Mario José, tanto la forma ‘Z’ del Rorschach (Salomon: ausencia de choque o atracción por el marrón, de F± imprecisas, de D disminuídas a favor de Dd, de sucesión floja en la fig. II, de M < Md…) como el Szondi (total ausencia del perfil típico S+− P+− SchO± C++) fueron incapaces de detectar tal inclinación en el joven de 19 años, ya sexualmente activo, y nosotros ponemos un punto y aparte en el tema. El decía la verdad cuando alegadamente le expresó a Luis Palmas que “a mí no me gustan los hombres”, y de hecho se casó y ha tenido hijos con su mujer durante su tiempo en prisión confirmando conductualmente esta conclusión de la evaluación.

Alberto A. Peralta

Psicólogo clínico

Psicólogo Clínico, Psicoanalista, Perito Forense, especialista en evaluación psicológica proyectiva. Doctorado en Bélgica, creador y 1er Director de la carrera de Psicología PUCMM, miembro Academia de Ciencias de R.D., en práctica privada (Psicociencia) con decenas de publicaciones nacionales e internacionales en 3 idiomas sobre la evaluación proyectiva (incluyendo su libro 'Retorno a Rorschach': Paris 2022, Buenos Aires 2025).

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