Imaginen un país famoso por sus playas, el merengue y el béisbol, que aspira a ser el Silicon Valley del Caribe. Últimamente República Dominicana ha estado atrayendo la atención de inversionistas globales para fabricar semiconductores, esos pequeños "cerebros" que hacen funcionar desde tu celular hasta tu nevera inteligente. Pero fabricar chips demanda más que sol, bachata y playas; se requieren ingenieros y técnicos que comprendan que un “nanómetro” no es un nuevo dembow.

Actualmente, RD crece a un ritmo del 5% anual, y su inversión en educación ronda el 4% del PIB. Esta cifra, mayor a la de Vietnam (2.9% en 2022), no se traduce en mejores resultados. Vietnam, con un 1.1% menos, alcanza 95.8% de alfabetización (frente a 93.8% en RD) y sus estudiantes se ubicaron en el sexto puesto mundial del ranking PISA-2022, mientras RD se colocó en la posición 71 . El secreto radica en su apuesta por la formación técnica desde la secundaria y la capacitación del 90% de sus docentes en pedagogía STEM. Por el contrario, el 72% de las empresas tecnológicas dominicanas en zonas francas, han identificado la falta de técnicos especializados como su principal obstáculo (AIRD, 2023).
La ironía se vuelve evidente cuando, mientras RD sueña con robots y fábricas de alta tecnología, el sistema educativo parece estancado en el siglo pasado. Costa Rica, que ya exporta más chips que café, ofrece una comparación interesante. Según la UNESCO (2022), solo el 14% de los graduados dominicanos opta por carreras STEM, frente al 38% en Costa Rica, que además cuenta con 12 universidades en microelectrónica frente a solo dos en RD (INTEC e ITLA) y destina US$0.1 por cada US$100 del PIB en investigación y desarrollo, siete veces menos que Costa Rica (US$0.7) (BID, 2022).
En 1997, Costa Rica convenció a Intel de instalar una planta de semiconductores. La receta fue invertir en educación, agilizar la burocracia y fortalecer el bilingüismo. Tras la llegada de Intel, el gobierno duplicó la inversión en universidades públicas y hoy el Tecnológico de Costa Rica gradúa a 1,800 ingenieros anualmente, muchos especializados en materiales avanzados para chips. Además, el 52% de la población costarricense domina el inglés (vs. 18% en RD) (EF, 2023); esto se debe a que, desde los años 90, el inglés se integró de forma intensiva en el sistema educativo en niveles desde preescolar hasta universitario.
Costa Rica exporta anualmente US$6,000 millones en tecnología, superando en 2022 a productos habituales como café y bananas. En cambio, RD sigue dependiendo en parte de sus productos tradicionales, exportando “buenas vibras” y, quizás, algo de ron.
En 2022, el gobierno dominicano anunció un plan para atraer fábricas de semiconductores. Pero irónicamente, el 60% de los jóvenes entre 18-24 años no concluye la educación media (ONE, 2023). Es como aspirar a ganar un Gran-Prix manejando un carro de concho. Adicionalmente, se presentan múltiples complicaciones sistemáticas. Un informe publicado por el MINERD reveló que el 12% de los docentes en escuelas públicas son “fantasmas”, es decir, cobran sin impartir clases. A esto se suma que el 80% de las universidades no cuenta con laboratorios modernos para prácticas en electrónica (MESCyT, 2023). Y si un estudiante logra graduarse, enfrenta salarios de apenas US$800 mensuales en RD, en comparación con los US$5,000 que se ofrecen en empresas internacionales como Texas Instruments.
Aunque Costa Rica también enfrenta desafíos, por ejemplo, el 30% de sus ingenieros emigra por salarios de alrededor de US$500 mensuales y su inversión en I+D sigue siendo modesta frente a naciones como Singapur (2.17% del PIB), su modelo brinda valiosas lecciones. Primero, la educación dual: donde el 50% de los estudiantes combina teoría y práctica, modelo adoptado en Costa Rica en 2020 y que RD podría replicar mediante pasantías en industrias tecnológicas. Segundo, la creación de carreras técnicas “express”: Costa Rica desarrolló programas de 18 meses en automatización industrial; RD podría implementar cursos rápidos en nanotecnología, a través de plataformas en línea o alianzas con el ITLA. Tercero, el uso de impuestos para financiar la ciencia: Costa Rica aplica un 1% a las empresas tecnológicas para apoyar a las universidades, aunque en RD se debería asegurar que esos fondos no se desvíen (como es costumbre).
Aunque contamos con ventajas geopolíticas, sin una reforma educativa, la inversión en tecnología carecerá del capital humano necesario. Si RD logra aumentar al 25% la proporción de graduados en carreras STEM, podría atraer hasta US$2,000 millones en inversión tecnológica para 2030 (MESCyT, 2023). Además, según el MIT, un trabajador en semiconductores puede llegar a ganar cuatro veces más que uno en el sector turístico. ¿No es mejor formar técnicos que camareros? Si Costa Rica pudo transformar su economía, cambiando café por chips, ¿Por qué no puede RD cambiar el dembow por datos binarios?
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