El número de vacas, pollos, cerdos y chivos sacrificados en el año 2020 fue de 73 mil, 162 millones. Sabemos que durante el período 2018-2020, la población de seres humanos a nivel mundial aumentó 2.1%. Es decir de 7, 697 millones habitantes a 7,855. Cada ser humano vivo implica la muerte de 9-10 animales per cápita.

Se conoce que estos miles de millones de animales sacrificados cada año para el consumo humano es una cifra vergonzante que ha sido criticada por sus discrepancias éticas en el bienestar animal, su impacto ambiental, aceleración del cambio climático, y su insostenibilidad dado el aumento de la población humana. La producción masiva de carne es considerada una de las principales causas de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), afectando toda la salud del planeta.
En este contexto mundial, el sacrificio de animales “dominicanos” destinados al consumo es un deporte nacional. También una conducta familiar y cultural popular, asumida como normal por la mayoría de los dominicanos, tanto por los que hacen negocios con esos animales, como en cualquier familia.
He visto sacrificar de forma acelerada animales desde Buenos Aires hasta New York, asimismo desde Yakarta hasta Nueva Delhi. Por eso comentamos hoy, el caso del chivo Bígaro.
Cuando esa mañana Bígaro, el chivo, despertó, nunca pudo imaginar que jamás volvería a ver el yerbazo de Yaguate donde solía dormir plácidamente junto a otros parroquianos del menú. De la finca del patrón en San Cristóbal, lo llevaban como al checo Julius Fucik, irremediablemente, al pie del patíbulo.
Amarrado juntos a varios de sus camaradas de infortunio, quedó helado al escuchar desde lejos, un grupo de chivos de otro corral, berreando de miedo, al ver el sacrificio y despellejo de sus acompañantes. Nadie le explicó que, aunque fuera a morir, el artículo 44 de la Ley de Protección Animal 248-12, prohíbe su muerte dolorosa. Que dilema, apreciar que se acerca la muerte como sea, pero en su caso, sería sin angustias o sufrimientos.
Como en uno de los infiernos de Dante, Bígaro caminaba por esa avenida polvorienta, hacia el matadero, a puros jalones y latigazos. Cientos de conductores murmuran, “se jodieron esos animales porque hoy será su fiesta del chivo”. Alucinante casualidad en el territorio origen del «Perínclito de San Cristóbal».
Que decenas de chivos sean sacrificados a diario en la autopista Francisco del Rosario Sánchez en la ruta San Cristóbal-Santo Domingo, no es noticia. Pero es grave, la presencia caótica de mataderos improvisados en la vía. Donde animales se ejecutan a la intemperie, sin que sus autores imputen respeto a la ley. En esta ruta se violan a plena luz del día, más de 20 artículos de las leyes 248-12 y 42-01.
En esa ruta de Baní y San Cristóbal a Santo Domingo, la Declaración Universal de los Derechos del Animal, de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), del 23 de septiembre de 1977, se viola a la luz del día. También se vulnera el viejo Código Penal de República Dominicana del 20 de agosto de 1884 y nuevo Código Penal, que entrará en vigencia en 12 meses. Igualmente, la Ley 1268, del 19 de octubre de 1946, que sanciona los malos tratamientos a los animales, la Ley.64-00 de medio ambiente y recursos naturales y la de salud 42-01.
Se sabe que los tipos de animales para el sacrificio podrían ser bovino, caprino, porcino, lanar, de aves, conejos y otros establecidos en el reglamento de aplicación de la ley. Se sabe que la eliminación de la vida de los animales debiera ser realizada con el empleo de procedimientos indoloros y de forma instantánea, que angustia y sufrimiento.
Para el sacrificio de animales no aptos para el consumo humano, tales como caballos, asnos y otros, se debe observar lo establecido en la ley. Hay técnicas de insensibilización, planificadas para antes de proceder al sacrificio, donde se indica que los animales debieran ser insensibilizados mediante técnicas que eviten su sufrimiento. Los procedimientos y técnicas de insensibilización del animal son establecidos por la ley.
Se supone que están prohibidos los métodos de sacrificios que quiebren las patas de los animales; también introducirlos vivos o agonizantes en refrigeradores; igualmente arrojarlos al agua hirviendo aun vivos o agonizantes; llevar los animales a presenciar otros animales durante el sacrificio; asimismo, sacrificar hembras en el período de tiempo próximo al parto.
En la llamada sala de sacrificio está prohibida la presencia de menores antes, durante y después del sacrificio de cualquier animal.
En nuestro caso es una experiencia dramática comentada por adultos y menores y muchos que usamos esa autopista para llegar a Baní, San Cristóbal y Santo Domingo. En especial, en los frecuentes viajes que realizo para apoyar la exitosa culminación del Plan Estratégico Sostenible Peravia 2055.
Me sorprendo de esa liturgia popular olvidada. No la recordaba desde que el matadero de La Joya en Santiago era el lugar apropiado para que lúmpenes y villanos, aprendieran sobre la horca y el cuchillo, los mejores procedimientos de eliminar adversarios.
En planes estratégicos que asesoro, tanto aquí como en el exterior, me impuse para que se elimine, el concepto “Matadero”, y mejore se utilice «Centro de Procesamiento Pecuario». Recibí o expuse decenas de horas teóricas y prácticas, sobre protección animal y aseo urbano. Usted no puede defender la vida, sin proteger estos animales como seres vivos únicos e irrepetibles.
En este orden, las carnicerías irregulares deben ser incluidas. FEDA, ayuntamientos y dirección provincial de salud de San Cristóbal, deben resolver esa monstruosidad. Asear la vía y apoyar que los criadores de ganado cumplan lo que impone la ley, y paguen la consecuencia de no observar e incumplir sus sanciones.
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