Faride Raful, como senadora del Distrito Nacional, hizo una labor digna y como debía esperarse de un partido que prometió transparencia y defender la causa democrática en cada una de las iniciativas legislativas que conociera y que nacieran de su propia creatividad.

Faride defendió las propuestas democráticas y enfrentó a conservadores y neoconservadores, especialmente a sus adversarios políticos e ideológicos, dentro y fuera del partido que ella representaba. Fue coherente en la defensa de un Código Penal con las tres causales, en la búsqueda de transparencia en la gestión gubernamental y en la realización del papel de vigilante que corresponde al Senado sobre la gestión gubernamental.

Pero también fue coherente con su gestión como diputada de mayor votación en la circunscripción número 1 del Distrito Nacional en el período 2016-2020, y su batalla por lograr información sobre las negociaciones gubernamentales con el asesor Joao Santana, que iba destinada fundamentalmente a la promoción política y electoral.

Como diputada, como joven, como profesional del derecho y la comunicación, Faride despertó un gran interés entre sus electores y desempeñó un papel importante, políticamente, para su partido y para sus votantes.

Hay que decir, con toda razón, que lo más importante que se requiere de una legisladora del Distrito Nacional, y de las condiciones de Faride, es que fue coherente, que no traicionó el rol que le correspondía desempeñar de acuerdo a su propuesta política, y que en el desempeño de su rol fue una legisladora honesta.

En un contexto político como el dominicano, la honestidad en la labor legislativa es muy importante. Son muchos los legisladores que llevan agendas particulares, que nada tienen que ver con sus electores, sino con el patrocinio que han buscado y con quienes financiaron su campaña electoral. O con la empresa de juegos de azar a que pertenecen. O con la corriente eclesial a la que están abscrito.

Sin embargo, Faride y su partido decidieron que había llegado el tiempo para un cambio en su labor política y legislativa, y ahora tiene la co-responsabilidad de la campaña electoral del presidente Luis Abinader, y en caso de que sea ratificada la gestión presidencial, iría a una posición ministerial.

A los buenos funcionarios no hay que eternizarlos en una determinada labor ejecutiva o legislativa. Faride Raful es una profesional joven, con vocación de servicio y con una habilidad y destreza, aparte de su valentía y convicción democrática, que tiene reservado un gran futuro político.

Sin embargo, la cuestión ahora es quién obtendrá la senaduría del Distrito Nacional entre los competidores Guillermo Moreno, de Alianza País, el PRM y un bloque de partidos, y Omar Fernández, de la Alianza Rescate RD, que integran el PLD, FP, el PRD y otras organizaciones.

Omar Fernández es una joven promesa política, hijo del ex presidente Leonel Fernández, probablemente su heredero político, y ha demostrado capacidad y habilidad para desempeñar roles políticos de envergadura. Omar es diputado por Fuerza del Pueblo y se proyectó desde muy temprano como un aspirante de competencia, para la Alcaldía del Distrito Nacional o la Senaduría de la misma demarcación. Tiene simpatía entre los jóvenes, que le ven como una revelación, que ha asumido el conservadurismo como parte de su esencia y es leal al pensamiento de la derecha conservadora.

Guillermo Moreno es un político conocido, abogado, con más años en la vida pública, que aspiró en varias ocasiones a la presidencia de la República por varias organizaciones progresistas. Ahora es el candidato a senador de un conjunto de organizaciones políticas que apoyan su propuesta, y que le ven como un político en ascenso, con una nueva realidad, que tiene sustento político más allá del que ha conquistado en el pasado.

La elección de la senaduría del Distrito Nacional es una de las incógnitas de este proceso, porque es probablemente la candidatura mas competida de acuerdo a las encuestas conocidas y de mayor confianza.

Cualquiera de los dos que gane la posición tiene el desafío de ocupar la curul que correspondió a Faride Raful, quien hizo un trabajo digno y memorable. Así se le recordará por su paso por el Senado de la República.