Hablar del turismo religioso es hacer referencia a las peregrinaciones que hacen muchos dominicanos durante el 21 de enero, Día de la Altagracia, hacia el Santuario de Nuestra Señora de la Altagracia, en Higüey.
Ya sea por promesas, creer en la protección de la virgen de La Altagracia, expresión de fe y devoción, o una manera de conectar con la espiritualidad, el turismo religioso se abre paso en República Dominicana.
De hecho, la Red Mundial de Destinos de Turismo Religioso destaca que el país ofrece un turismo religioso y espiritual como una experiencia enriquecedora y, a la vez, una oportunidad para explorar su rica historia, cultura y paisajes naturales.
El gremio internacional señala como lugares claves a la Basílica Catedral Nuestra Señora de la Altagracia, la Catedral Primada de América en la Zona Colonial y El Santo Cerro en La Vega, como destinos para encontrar la devoción y espiritualidad.



“El impacto económico del turismo religioso en República Dominicana puede ser significativo, considerando que el turismo en general es uno de los pilares de la economía del país”, destaca el organismo internacional.
Sin embargo, reconocen que “no existen datos comprobados sobre el impacto económico del turismo religioso”, ya que estos no siempre se desglosan de forma independiente dentro de las estadísticas generales de la industria de viajes y turismo.
A nivel internacional, según ONU Turismo, entre 300 y 330 millones de personas visitan lugares de peregrinación del mundo y el 60 % de ellos pertenece a religiones cristianas.
En tanto, la Asociación Mundial de Viajes Religiosos (WRTA) estima en US$ 18,000 millones el volumen de negocios que mueve el turismo de la fe.
Otros, como The Business Research Company, destacan que el tamaño del mercado de turismo religioso alcanzó los US$ 190,530 millones en 2025, y proyecta que crezca hasta los US$ 286,130 millones en la década del 2030.
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