Hubo un instante en la pasarela del hotel Kimpton Las Mercedes en que el aire cambió. No fue un velo lo que apareció bajo las luces. Fue una solapa. Un hombro construido con precisión milimétrica. Un traje que caminaba con la misma autoridad que un vestido de novia, pero sin pedir permiso: exigiendo su lugar.

Así irrumpió Novaré by Calpo, la línea de Calpo Atelier dedicada al universo nupcial masculino, en la 26ª edición del RD Bridal Week 2026, celebrada del 19 al 22 de marzo en la Ciudad Colonial de Santo Domingo. Y lo que Vladimir Jiménez, CEO y director creativo de la casa, puso sobre la pasarela no fue simplemente una colección de trajes de novio. Fue una declaración: el hombre que se casa también merece diseño, concepto y narrativa.

Vladimir Jiménez, CEO y director creativo de la casa. (Fotos: Ronny Cruz)
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Bajo la dirección creativa de Vladimir Jiménez, CEO de Calpo Atelier, Novaré presentó una colección de sastrería a la medida que dialoga con el concepto integral de la celebración nupcial.
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Siluetas definidas, hombros naturales y solapas de pico generosas: la colección de Novaré apostó por un corte limpio y entallado con la precisión que solo la confección a medida permite.
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La paleta cromática de Novaré se movió en el territorio del lujo silencioso: azules profundos, grises acerados, tonos arena y champagne que conversaron con las colecciones femeninas de la pasarela.
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Tejidos pensados para el Caribe: lanas ligeras, mezclas con lino y acabados en seda dieron a cada traje de Novaré una frescura estructurada, ideal para una boda bajo el sol dominicano.
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Los detalles marcaron la diferencia en la colección de Novaré: chalequería trabajada como pieza central, camisas de cuello alto con ecos de la era Regencia y pañuelos de bolsillo que completaban —no decoraban— cada look.

La sastrería como lenguaje

En un evento históricamente dominado por tules, encajes y bordados —territorio de Giannina Azar, Manuel Febrillet, Michelle Reynoso y los grandes nombres de la moda nupcial dominicana—, la presencia de Novaré by Calpo representó algo más que diversidad en la pasarela. Fue un acto de equilibrio.

La propuesta de Vladimir Jiménez parte de una premisa que la industria bridal ha tardado en asumir: el traje del novio no es un accesorio del vestido de la novia. Es una pieza de diseño autónoma que, sin embargo, debe conversar con el concepto integral de la celebración —con la paleta cromática, con la atmósfera, con la arquitectura del evento—.

Y eso fue exactamente lo que se vio en la pasarela del Kimpton.

Lo que desfiló

Novaré desplegó una colección donde la sastrería a la medida —el ADN de Calpo Atelier— se encontró con la estética Regencia que tiñó toda esta edición del RD Bridal Week, esa atmósfera Bridgerton de romanticismo contenido y elegancia estructural.

Los trajes mostraron siluetas definidas pero no rígidas, con hombros naturales que respetaban la anatomía sin caer en la exageración. Se vieron solapas de pico generosas —un guiño a la formalidad clásica— sobre sacos de corte limpio, entallados con la precisión que solo la confección a medida permite.

La paleta cromática se movió en el territorio del lujo silencioso: azules profundos que rozaban la medianoche, grises con matices de acero, tonos arena y champagne que dialogaban con las colecciones femeninas de la pasarela, y un blanco roto que se atrevió a desafiar la convención de que solo la novia viste de claro.

Los tejidos hablaron de clima y de contexto: lanas ligeras, mezclas con lino que reconocen que una boda en el Caribe exige frescura sin sacrificar estructura, y acabados en seda que aportaban ese brillo sutil, casi líquido, que bajo las luces de la pasarela convertía cada traje en una pieza escultórica.

Pero los detalles fueron, quizás, donde Novaré marcó su diferencia. Chalequería trabajada como pieza central —no como complemento—, con texturas que evocaban bordados artesanales. Camisas de cuello alto que recordaban la era Regencia sin caer en el disfraz. Pañuelos de bolsillo que no decoraban: completaban. Y una atención al botón, al ojal, al forro interior, que revelaba la obsesión de Jiménez por lo que no se ve pero se siente.

El novio como concepto

Lo que propuso Vladimir Jiménez en esta pasarela trasciende la ropa. Es una lectura contemporánea del novio dominicano: un hombre que entiende que vestirse para su boda es un acto de identidad, no de protocolo.

En un mercado nupcial donde República Dominicana se consolida como destino de bodas de referencia en el Caribe, la propuesta de Novaré llega en el momento justo. Las parejas que eligen la isla para casarse —dominicanas e internacionales— buscan cada vez más coherencia estética en todos los elementos de la celebración. Y el traje del novio, durante demasiado tiempo relegado a una decisión de último momento, empieza a reclamar el mismo nivel de curaduría que el vestido de la novia, la decoración floral o, como demostró Royal Sugar en esta misma edición, el pastel.

Calpo Atelier, reconocida por su impecable sastrería a la medida y por colaboraciones que han expandido su universo —como la reciente alianza con Ecu-Andino para una colección de sombreros de paja toquilla—, encontró en Novaré el vehículo para llevar su filosofía al territorio nupcial con nombre propio.

Una pasarela que se completa

La 26ª edición del RD Bridal Week, producida por Sócrates McKinney, ya había dado señales de querer ampliar el relato nupcial más allá del vestido blanco: las bridal talks, las experiencias sensoriales, la incorporación de la gastronomía como eje creativo y la presencia de diseñadores como Melkis Díaz, Joel Reyes y Wilson Alcéquiez en la programación hablaban de una plataforma que entiende la boda como experiencia integral.

Novaré by Calpo completó ese círculo. Porque una pasarela nupcial que solo muestra vestidos de novia cuenta la mitad de la historia. Y en el altar, como en la vida, hacen falta dos.

Vladimir Jiménez lo sabe. Y lo que puso sobre la pasarela del Kimpton Las Mercedes no fue solo tela cortada con maestría. Fue una invitación: la próxima vez que una pareja sueñe su boda, que el traje del novio no sea lo último en pensarse. Que sea lo primero en diseñarse.

Halley Antigua

Periodista apasionada por temas tecnológicos, salud y sociales; me gusta ponerle rostro a los datos. Disfrutar de la cultura y el turismo ecológico.

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