La mañana de este miércoles, en la avenida 27 de Febrero, esquina avenida Tiradentes, el acto de izamiento no fue un simple protocolo, sino un espacio de reafirmación cívica. En el acto de izamiento de la bandera, tomaron la palabra Danilo Ginebra, el presidente de la Fundación Lasallistas Dominicanos, Luis Marte Matos, y el licenciado Juan Pablo Uribe, director de la Comisión Permanente de Efemérides Patrias.
En la actividad estuvieron presentes miembros de la Fundación Lasallistas Dominicanos, representantes del Ayuntamiento del Distrito Nacional, así como familiares y amigos que se sumaron a este acto de afirmación patriótica.
Cada vez que la bandera dominicana asciende al cielo, no solo se eleva un símbolo: se activa una memoria. Una memoria que no pertenece únicamente al pasado, sino que respira en el presente y nos interpela.
Hoy, al conmemorar un nuevo aniversario de aquel primer izamiento en el Cibao, específicamente en La Vega, seis días después de proclamada la independencia, recordamos que la nación no nació de un acto aislado, sino de una continuidad de gestos conscientes. Aquella bandera levantada bajo la inspiración de Juan Pablo Duarte y el compromiso firme de La Trinitaria, no fue solo una declaración política: fue una afirmación espiritual de libertad.
Ese momento, muchas veces mencionado de forma protocolar, encierra una lección más profunda. La patria no se funda una vez: se construye todos los días. Y cada generación tiene la responsabilidad de volver a izarla, no solo en los mástiles, sino en la conciencia colectiva.
Para quienes formamos parte de la Fundación Lasallistas Dominicanos, este hecho adquiere un significado aún más trascendente. Nos recuerda que educar es también un acto patriótico; que formar ciudadanos críticos, sensibles y comprometidos es una manera concreta de sostener la nación.
En ese espíritu, la Fundación Lasallistas Dominicanos hace un llamado a toda la ciudadanía a seguir izando la bandera dominicana en cada plaza pública, en cada comunidad, en cada espacio donde pueda mostrarse con orgullo nuestro símbolo patrio. Que la bandera no sea solo presencia en fechas conmemorativas, sino signo vivo de identidad, compromiso y pertenencia.
Porque una bandera no se defiende únicamente con discursos, sino con acciones coherentes. Con instituciones que funcionen, con cultura viva, con justicia social y con una ética que no se negocie.
Que este izamiento no quede reducido al gesto ceremonial de una mañana. Que sea, más bien, un compromiso renovado con la República, con su historia y con su porvenir. Que cada bandera levantada en nuestras plazas y espacios públicos sea también una conciencia levantada, una voluntad firme y una decisión compartida de construir una nación más justa, más digna y más fiel a los ideales que le dieron origen.
Compartir esta nota
