Este 9 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Epilepsia, una fecha que busca visibilizar una de las enfermedades neurológicas crónicas más comunes en el mundo, que afecta a más de 50 millones de personas a nivel global, según la Liga Internacional contra la Epilepsia. Pese a su alta prevalencia, la epilepsia continúa rodeada de desinformación, estigmas y barreras de acceso a tratamiento, especialmente en países de ingresos bajos y medios.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca del 80 % de las personas con epilepsia vive en países de ingresos bajos y medios, donde el acceso a diagnóstico oportuno y medicamentos sigue siendo limitado. La entidad estima que hasta el 70 % de los pacientes podría vivir libre de crisis si recibiera un diagnóstico adecuado y tratamiento continuo.
Sin embargo, aproximadamente tres de cada cuatro personas con epilepsia en países de bajos ingresos no reciben el tratamiento que necesitan, una proporción que puede alcanzar hasta el 90 % en algunos territorios, según datos de la OMS. Entre los factores que inciden en esta situación figuran la falta de personal de salud capacitado, el desabastecimiento de medicamentos anticonvulsivos y sistemas sanitarios con recursos limitados.
La epilepsia también tiene consecuencias sociales. La OMS advierte que las personas con esta condición y sus familias pueden llegar a enfrentar discriminación y exclusión, alimentadas por mitos, miedos y creencias erróneas sobre el origen y manejo del trastorno.
En el marco de esta conmemoración, la OMS indicó que trabaja junto a ministerios de salud y organizaciones aliadas para mejorar el acceso a tratamiento, fortalecer la formación del personal sanitario y reducir el estigma asociado a la epilepsia para cerrar las brechas que aún persisten en la atención de esta condición.
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