El seguimiento ginecológico, metabólico y hormonal continuo es una de las herramientas más efectivas para la prevención de enfermedades que siguen cobrando miles de vidas en América Latina, entre ellas el cáncer de mama y el cáncer de cérvix, este último considerado 100 % prevenible y 100 % curable si se detecta a tiempo.
Así lo explicó la ginecóloga y obstetra Libni Valenzuela Matos, especialista en medicina reproductiva y andrología, quien destacó que los controles periódicos no solo permiten detectar a tiempo lesiones de alto riesgo, sino también conservar la fertilidad, educar a las pacientes sobre la importancia de la microbiota vaginal y mejorar de forma integral la calidad de vida de la mujer.
Recomendación
La especialista recomienda que, en los países latinos, las mujeres acudan a consulta ginecológica cada seis meses, o con mayor frecuencia si presentan alguna condición o infección, siempre bajo la evaluación del médico tratante. Advirtió además sobre prácticas comunes pero riesgosas, como el uso de duchas vaginales, jabones con altas concentraciones de sales o glicerina, alumbre, vapores u óvulos sin indicación médica, incluso antes o después de la menstruación.
Valenzuela Matos subrayó la importancia de realizar perfiles hormonales completos, así como estudios hepáticos, hematológicos y renales; evaluación de la reserva ovárica, cortisol y colesterol, además de estudios de imágenes como sonomamografía, sonografía tiroidea, transvaginal o pélvica. En mujeres mayores de 40 años, indicó que debe considerarse la mamografía, y en etapas como el climaterio, perimenopausia, menopausia o postmenopausia, complementar con densitometría ósea y otros análisis según los antecedentes personales y familiares.
En cuanto a la prevención del cáncer de cuello uterino, enfatizó que el Papanicolaou debe realizarse desde el inicio de la vida sexual activa, sin importar la edad, junto con pruebas de detección del virus del papiloma humano (VPH) mediante técnicas de ADN o paneles de infecciones de transmisión sexual.
Recordó que la citología cervical sigue siendo el estudio de primera línea para detectar lesiones de alto riesgo, las cuales pueden requerir colposcopía, biopsia o tratamientos como cono ASA, crioterapia o láser.
La especialista alertó que enfermedades como el VPH pueden manifestarse desde seis meses hasta cinco o incluso diez años después del contagio, por lo que insistió en no ignorar señales de alarma como sangrado después de las relaciones sexuales, sangrado en la menopausia o durante el embarazo, secreciones vaginales anormales, picazón, ardor, inflamación, bultos en la mama o la vulva, dolor menstrual intenso, ausencia o alteraciones del ciclo menstrual, y sangrados abundantes.
No es normal sentir dolor constante ni dolor durante las relaciones sexuales, puntualizó Valenzuela Matos, al tiempo que llamó a que las adolescentes acudan a su primera consulta ginecológica desde la aparición de los caracteres sexuales secundarios, como el desarrollo mamario, el vello púbico y la primera menstruación o menarquia.
Finalmente, destacó que la elección de métodos anticonceptivos debe ser personalizada, tomando en cuenta el peso, los antecedentes personales y familiares y una evaluación física adecuada, como parte de un enfoque integral de la salud femenina.
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