El cáncer colorrectal, tradicionalmente asociado con personas mayores, registra un aumento entre adultos menores de 50 años en diferentes países, una tendencia que ha llevado a especialistas a insistir en la importancia de reconocer los síntomas, evaluar los antecedentes familiares y no retrasar la consulta médica por razones de edad.

La enfermedad se origina en el colon o el recto y con frecuencia comienza a partir de pólipos, crecimientos anormales que pueden transformarse en cáncer con el paso del tiempo. Su detección y extirpación durante estudios preventivos puede evitar que la enfermedad se desarrolle.

Una enfermedad que aparece cada vez más en adultos jóvenes

El incremento de casos en personas menores de 50 años no se limita a un solo país. Investigaciones citadas por el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos señalan que las tasas han aumentado en distintas regiones y que cerca del 10 % de los nuevos diagnósticos de cáncer colorrectal en el mundo corresponde a personas de ese grupo de edad.

El fenómeno resulta especialmente preocupante porque muchos adultos jóvenes no se consideran en riesgo, lo que puede provocar que síntomas persistentes sean atribuidos inicialmente a hemorroides, problemas digestivos, estrés o cambios en la alimentación.

Además, como el cribado rutinario suele comenzar a partir de los 45 años en personas con riesgo promedio, quienes desarrollan la enfermedad antes de esa edad pueden recibir el diagnóstico después de presentar manifestaciones clínicas.

Las causas todavía están bajo investigación

Los investigadores no han identificado una explicación única para el aumento del cáncer colorrectal de aparición temprana. La hipótesis predominante apunta a una combinación de predisposición genética, exposición ambiental y cambios en los estilos de vida.

Entre los factores asociados con un mayor riesgo se encuentran la obesidad, la inactividad física, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y una alimentación con abundantes carnes procesadas o rojas y poca fibra. Sin embargo, tener uno o varios de estos factores no significa que una persona desarrollará necesariamente la enfermedad.

También se estudia el papel de la microbiota intestinal. Algunas bacterias y las toxinas que producen podrían favorecer procesos inflamatorios o cambios celulares vinculados con el desarrollo tumoral, aunque esta relación continúa bajo investigación y todavía no permite atribuir el incremento de casos a un microorganismo específico.

Los antecedentes familiares y ciertos síndromes hereditarios también elevan el riesgo. Por esa razón, las personas con familiares que hayan tenido cáncer colorrectal o pólipos adenomatosos pueden necesitar estudios antes de los 45 años, según la valoración médica.

Síntomas que no deben ignorarse

El cáncer colorrectal puede no causar señales durante sus primeras etapas. Cuando aparecen, los síntomas pueden incluir sangre en las heces o sangrado rectal, cambios persistentes en los hábitos intestinales, diarrea, estreñimiento, sensación de evacuación incompleta, dolor o calambres abdominales, cansancio, debilidad y pérdida de peso sin explicación.

Estas manifestaciones también pueden deberse a afecciones menos graves, pero su persistencia requiere evaluación médica. La edad no debe utilizarse como único criterio para descartar una posible enfermedad colorrectal.

Un estudio reseñado por el Instituto Nacional del Cáncer identificó entre las señales de alerta en adultos jóvenes el dolor abdominal, el sangrado rectal, la diarrea y la anemia por deficiencia de hierro. La presencia de estos signos no confirma un cáncer, pero puede justificar investigaciones adicionales.

La detección debe comenzar a los 45 años en personas con riesgo promedio

La Sociedad Americana contra el Cáncer y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades recomiendan que los adultos con riesgo promedio comiencen las pruebas de detección regular a los 45 años. Quienes tengan antecedentes familiares, enfermedades inflamatorias intestinales o síndromes hereditarios podrían requerir evaluaciones más tempranas.

La detección puede realizarse mediante diferentes métodos, entre ellos pruebas de heces, colonoscopia y otros exámenes que permiten observar el colon y el recto. La selección del procedimiento depende de la edad, los antecedentes, el nivel de riesgo y la orientación del profesional de salud.

La colonoscopia ofrece la ventaja de identificar y retirar pólipos durante el mismo procedimiento. Las pruebas preventivas también permiten encontrar tumores en etapas tempranas, cuando las posibilidades de tratamiento suelen ser mayores.

Hábitos que pueden ayudar a reducir el riesgo

No todos los casos pueden prevenirse, especialmente aquellos relacionados con factores hereditarios. Sin embargo, mantener un peso saludable, realizar actividad física, consumir frutas, vegetales, cereales integrales y alimentos ricos en fibra, limitar las carnes procesadas y el alcohol, y evitar el tabaco puede contribuir a disminuir el riesgo.

También es importante conocer los antecedentes médicos de la familia y comunicar al especialista si padres, hermanos u otros familiares cercanos han tenido cáncer de colon, recto o pólipos.

El aumento de la enfermedad entre personas jóvenes no significa que todos los menores de 50 años deban someterse inmediatamente a una colonoscopia. Sí implica que los síntomas persistentes deben tomarse en serio y que quienes ya alcanzaron la edad recomendada o presentan factores de riesgo no deben posponer las pruebas preventivas.

Abraham Marmolejos

Periodista, docente y estratega de comunicación, con experiencia en medios digitales, periodismo de investigación y creación de contenido.

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