En un decreto, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe sostuvo que los ministros de la Fraternidad "se encuentran en cisma" y recordó que la ruptura con Roma se ha agravado tras las nuevas consagraciones episcopales realizadas sin mandato pontificio.
La decisión llega después de una multitudinaria ceremonia celebrada el 1 de julio en Écône (Suiza), sede histórica de la FSSPX. Según los organizadores, unas 16.500 personas asistieron al acto, entre ellas miles de fieles llegados de Francia, Estados Unidos y Polonia. Durante más de cinco horas, la Fraternidad escenificó la transmisión de la sucesión episcopal a cuatro nuevos obispos, en un gesto que el Vaticano ya había calificado previamente como un "acto cismático".
El decreto del Vaticano se produce un día después de que el grupo, fundado en 1970 por el obispo francés Marcel Lefebvre y con unos 600.000 fieles en todo el mundo, consagrara a cuatro nuevos obispos, desafiando la petición expresa del papa León XIV de que desistieran de hacerlo.
La excomunión afecta a los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier, al estadounidense Michael Goldade y al suizo Pascal Schreiber, los cuatro nuevos prelados ordenados en Suiza. También fueron excomulgados el español Alfonso de Galarreta y el suizo Bernard Fellay por haber actuado como consagrantes sin autorización papal, según el documento firmado por el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
Pese a la sanción anunciada por Roma, la Fraternidad defendió las ordenaciones como una "necesidad" para garantizar su continuidad. Su superior general, el padre Davide Pagliarani, aseguró que la organización no pretende separarse de la Iglesia católica y lamentó no haber podido reunirse personalmente con León XIV para exponer sus argumentos. La FSSPX sostiene que estas consagraciones son indispensables para preservar la tradición doctrinal y asegurar futuras ordenaciones sacerdotales.
El decreto calificó la ceremonia de "acto de naturaleza cismática". El miércoles, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, expresó el “profundo dolor” de la Iglesia por unas ordenaciones que, a su juicio, "rompen la unidad" e implican sanciones canónicas precisas. No obstante, manifestó su deseo de que el diálogo pueda reanudarse en el futuro y permita encontrar una solución al conflicto.
La Fraternidad de San Pío X rechaza las reformas introducidas tras el Concilio Vaticano II (1962-1965), defiende una interpretación estricta de la tradición católica y mantiene la celebración de la misa tridentina en latín. Durante la ceremonia de Écône, sus responsables insistieron en que actúan para salvaguardar la fe y la tradición frente a lo que consideran una deriva de la Iglesia contemporánea. Sin embargo, diversos observadores y antiguos miembros del movimiento consideran que estas nuevas ordenaciones representan un paso más hacia una separación estructural de Roma, al convertir en práctica permanente lo que en 1988 fue presentado como una medida excepcional.
El papa León XIV había instado a la Fraternidad a renunciar a su proyecto. "Les suplico desde lo más hondo del corazón: ¡reconsideren su decisión!", escribió. Su llamamiento evocó el realizado en 1988 por Juan Pablo II, cuando Marcel Lefebvre consagró a cuatro obispos en contra de la voluntad de Roma. Aquella decisión provocó una excomunión inmediata que posteriormente fue levantada por Benedicto XVI en 2009.
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