RFI ¿Cómo viste y cómo viviste la epopeya del Bodø/Glimt en esta edición del torneo europeo?
Randall Brenes: Con muchísimo entusiasmo. Ver los rivales a los que se enfrentó y los que dejó en el camino —potencias mundiales como el Inter de Milán, el Manchester City o el Atlético de Madrid— es impresionante. Ver que en el primer partido lograron llevarse una ventaja de tres goles nos ilusionó y nos puso a soñar a todos los que sentimos ese cariño por este equipo del norte de Noruega.
Durante el torneo, los dirigidos por Kjetil Knutsen tuvieron el ataque como arma letal. Sin embargo, en el último encuentro frente al Sporting, parece que se encerraron un poco para mantener la ventaja. ¿Crees que esto les pudo costar la clasificación?
Si somos meticulosos y vamos a la parte táctica, sí hubo algunos cambios. Defendieron un poco más atrás y dejaron que el equipo portugués tomara la iniciativa. El Bodø/Glimt tradicionalmente usa un sistema 4-3-3 y lo maneja muy bien. Creo que las distancias quedaron muy largas para un eventual contragolpe que liquidara la serie. El técnico prefirió resguardarse atrás, quizás más de lo que lo venían haciendo. Aun así, deben estar satisfechos; han sido la revelación de la competición por mucho. A estos niveles, regalar tanto la iniciativa puede ser peligroso.
Conoces el club por dentro, ¿cómo es el proyecto deportivo que los ha llevado a consagrarse y derrotar a los grandes de Europa?
Cuando yo estuve allí, entre 2005 y 2008, el club pasó por una pequeña crisis e incluso sufrimos un descenso. Pero desde entonces, lo más importante ha sido mantener la identidad. El jugador que llega tiene que adecuarse a cómo juega el club; eligen perfiles que encajen perfectamente en su sistema.
Ahora los vemos a nivel mundial, pero ya lograron ser campeones de la Liga de Noruega, quitándole el protagonismo al poderoso Rosenborg. Su metodología no es destruir el fútbol del rival, sino proponer. Lo vimos cuando le quitaron la posesión al Manchester City; se dieron de tú a tú. La clave es esa posesión en zona ofensiva con jugadores muy jóvenes que han crecido dentro de la institución.
Es una ciudad de apenas 55.000 habitantes donde prácticamente todo el pueblo apoya al equipo. ¿Cómo influye ese factor social?
El apoyo de la ciudad es un factor fundamental. Allí no existe la camiseta de otro equipo; la ciudad entera se vuelve amarilla cada día de partido. Desde los niños en las escuelas de fútbol hasta las divisiones inferiores, todos sueñan con jugar en el Aspmyra Stadion.
Además, el club hace algo muy bueno: visita comunidades pequeñas y lejanas para captar talentos y darles la oportunidad a chicos que no viven en el centro. Eso crea una fidelidad y un amor por el equipo desde muy temprana edad.
¿Cómo fue para un joven futbolista nacido en Cartago, centro de Costa Rica, adaptarse a vivir y entrenar en el Círculo Polar Ártico?
Fue una historia muy bonita. Yo jugaba en el Cartaginés y tuve la oportunidad de ir a la Selección Nacional en 2005 para la Copa de Oro. Allí me vio un visor noruego, Jan Schiefloe, y me invitó a formar parte del proyecto.
Llegué en un momento difícil para el club, pero me enamoré de la institución. Vivir allí es como estar en familia. A pesar del estereotipo de que los nórdicos son fríos o desinteresados, encontré una realidad distinta. Mis compañeros fueron muy hospitalarios, me ayudaron con todo lo que necesitaba. Me adapté tanto que incluso aprendí el idioma porque quería ser partícipe de todo. Mi primer hijo, Matías, nació en el hospital de Bodø. Es una etapa que marcó mi vida; allí crecí como persona y como futbolista.
El estadio Aspmyra se ve imponente rodeado de nieve. ¿Qué energía se siente jugando en esas condiciones tan distintas a las de Centroamérica?
Es mágico. Para nosotros, acostumbrados al clima tropical, es un choque increíble. Viví experiencias como estar un mes prácticamente en oscuridad total, entrenando de noche porque el sol no salía. O en verano, tener 24 horas de sol.
El estadio es el punto de concentración del pueblo. La pasión brota desde temprano; vas al supermercado el domingo y ya ves a la gente con su camiseta y su bufanda. Ese ambiente familiar da mucha comodidad para desarrollar tu fútbol.
Actualmente tienes una escuela de fútbol en Costa Rica. ¿Hay algo de la metodología noruega que apliques con tus alumnos?
Muchísimo. La metodología europea, especialmente la que viví con entrenadores como Ola Haldorsen o Erik Hoftun, me enseñó que hay que entrenar como se juega. A veces al latino le cuesta entender eso; creemos que con el talento es suficiente y nos permitimos no entrenar al cien por ciento.
En Noruega eso no se permite. Son extremadamente leales a la profesión. Como anécdota, los sábados eran libres, pero yo me di cuenta meses después de que todos iban a entrenar por su cuenta. Todos teníamos las llaves del estadio y del centro de entrenamiento. No había días libres reales porque todos querían llegar listos al partido. Eso es lo que trato de transmitir en mi academia, Chiqui Brenes FotballSkola: el respaldo de un buen resultado el domingo es el trabajo bien hecho durante toda la semana.
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