Hace hoy exactamente un año, el mundo se despertaba con una noticia que sacudía a millones de personas: la muerte del papa Francisco. “Con profundo dolor, tengo que anunciar la muerte de nuestro Santo Padre, Francisco”, anunciaba el cardenal camarlengo, Kevin Farell.
El impacto fue entonces inmediato y global. Desde Roma hasta los rincones más alejados del planeta, fieles y no creyentes reaccionaron ante la pérdida de una figura que había trascendido lo religioso. Días después, su funeral reunió a miles de personas que acompañaron el cortejo fúnebre hasta la basílica de Santa María la Mayor, en un último adiós multitudinario.
Es allí donde hoy reposan sus restos. Un año después, la afluencia no ha disminuido. Peregrinos de todo el mundo continúan formando largas colas para visitar su tumba. El arcipreste de la basílica, el cardenal lituano Rolandas Makrickas, destaca especialmente la presencia de fieles latinoamericanos: “Muchísimos peregrinos vienen y son de todo el mundo, en particular los de América Latina”, dice, en entrevista.
Según oficiales, cerca de 20 millones de personas —incluidas 50 delegaciones oficiales— han pasado en este último año por el lugar de descanso del pontífice. Una cifra que da cuenta de la huella que dejó un Papa considerado renovador, cercano y con una clara mirada hacia el sur global.
Ese legado sigue vivo en el actual pontificado de León XIV. Aunque de perfil más discreto, comienza a perfilar su propio estilo sin alejarse del todo de la línea marcada por su predecesor. Así lo perciben también los fieles que visitan la basílica. Nerea y Raquel, dos peregrinas españolas de Alicante, destacan la implicación de Francisco y su cercanía. “Era un Papa se implicaba, y se implicaba con sus ideas y las luchaba, podías ser partidario o no de ellas, pero te llegaba”, asegura Nerea. Raquel coincide: “Era bastante progresista y bastante a pie de calle, vamos”.
El propio cardenal Makrickas subraya algunas de las claves de esa conexión: “Tenía aspectos que lo acercaron a la gente: su sencillez, su humildad y su humorismo, que siempre tuvo como característica y forma de acercamiento humano”.
Un legado de enorme peso para León XIV, que, poco a poco, empieza también a dejar ver su carácter y a marcar su propio rumbo, especialmente en el escenario internacional, donde su voz comienza a ganar presencia.
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