En Francia, las grandes cadenas de supermercados han decidido boicotear la venta de productos sudamericanos. Mientras tanto, agricultores y ganaderos franceses siguen en las calles, sobre todo en los Campos Elíseos de París, denunciando una competencia desleal.
Según ellos, la carne bovina procedente de Sudamérica no cumple con los mismos estándares sanitarios y ambientales a los que están sujetos los productores europeos. Fernando Herrera, presidente de la Asociación de Productores Exportadores Argentinos, defiende, sin embargo, la producción de carne argentina.
"Si hay un país que produce carne de forma natural es Argentina. Yo invito a cualquier ganadero francés a recorrer nuestro país, que es muy extenso, para comprobar que los animales pasan la mayor parte de su vida al aire libre, caminando por los campos, comiendo pasto y tomando agua", sostiene Herrera.
Incluso el proceso final de engorde, según él, está lejos de la idea que pueden hacerse en Francia, ya que se realiza en "feedlots, pero que no son estabulados ni confinados. En Argentina están prohibidas las sustancias reguladoras del crecimiento, como hormonas y anabólicos, así que podemos garantizar que es un 100 % sano", precisa.
"¿Por qué no atacan la presión impositiva doméstica?"
Por eso, para él, los argumentos de los ganaderos franceses "no son una buena excusa para estar en contra del acuerdo Unión Europea-Mercosur" y sugiere otras razones, de carácter interno, que considera más legítimas. "Yo lo que entiendo es que los agricultores y los productores franceses sienten que tienen mucha presión impositiva por parte de su gobierno. Están en su derecho de que no les guste esa presión, pero no por eso tienen que atacar a la carne argentina. Insisto: no es cierto lo que están manifestando".
Ignacio Kovarsky, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa, señala que, a pesar de la firma del acuerdo Unión Europea-Mercosur, aún falta camino por recorrer.
"Todavía falta materializar este acuerdo. Esto es recién una primera firma de un acuerdo que sí llevó mucho tiempo concretar. Pero ahora hay que hacerlo realidad país por país. Cada una de las producciones locales está o con una cuota o con alguna salvaguarda de precios. De esta manera se puede garantizar a los países de Europa que esto no es una apertura al Mercosur sin ningún tipo de control. Hay toneladas con cuotas, hay precios, hay salvaguardas que, si se cumplen, los pueden dejar tranquilos. Ahora bien, la pregunta es: ¿cuánto vamos a aportar? Eso ya va a depender de cómo esté preparado cada uno de los países del Mercosur para hacerlo", subraya.
Este acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea será histórico: representará la integración de más de 700 millones de personas, el 35 % del comercio global y más del 30 % del PIB mundial, lo que lo convertiría en el bloque comercial más importante del mundo.
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