De nuestra enviada especial a Ankara, Florencia Valdés.
El presidente Erdogan ya puede estar satisfecho con esta cumbre. Donald Trump considera seriamente restablecer el acceso de Turquía a adquirir los modernos F-35, aviones tipo caza de combate que a Ankara tanto le urgen. Los otros aliados están enfrentando la cumbre con menos confianza ante este anuncio y con menos favores por parte de Estados Unidos.
Esto, no obstante, no ha podido con el optimismo ya legendario del secretario general de la OTAN, Mark Rutte: “Los Estados Unidos están totalmente comprometidos con la OTAN, también por el interés de Estados Unidos para evitar, por ejemplo, que un submarino ruso llegue a las costas estadounidenses. Mi mensaje es que esta alianza va a defender cada centímetro de su territorio”.
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Socios como Suecia insisten precisamente en que el bloque tiene que estar preparado para un ataque ruso.
Otra cuestión es cuando las amenazas vienen de dentro de la propia OTAN. Trump declaró nuevamente que Groenlandia debería estar controlada por Estados Unidos.
Desde aquí, el mensaje de Dinamarca es claro, en voz de su primera ministra, Mette Frederiksen: “Por supuesto que Groenlandia no está en venta. Esperamos que todos nuestros aliados respeten el derecho de Groenlandia a su autodeterminación”.
Ucrania es otro expediente candente. El presidente Volodímir Zelenski pide misiles balísticos, se posiciona como proveedor de seguridad para Europa y empuja la adhesión del país a la OTAN.
Aunque Europa esté apoyando a Ucrania ya sin Estados Unidos, aunque desembolse cantidades millonarias en rearme, la hostilidad de Trump no merma.
Los europeos se quedan por ahora con un premio de consuelo: Trump no azotó la puerta y aparece con una corbata amarillo oro en la foto de familia de esta cumbre de Ankara 2026.
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