Donald Trump extendió la alfombra roja a su homólogo chino, con motivo de esta visita excepcional. Xi Jinping y su esposa, Peng Liyuan, llegaron a bordo de un avión de gran capacidad de la aerolínea nacional Air China, y fueron recibidos —algo muy poco común— por el propio Donald Trump, acompañado por la primera dama estadounidense, Melania Trump, informa nuestro corresponsal en Washington, Vincent Souriau.
La pareja presidencial se desplazó a la pista del aeropuerto para intercambiar algunos apretones de manos, escuchar los himnos nacionales y presenciar un vuelo de exhibición de bombarderos del ejército estadounidense. Aunque solo duró diez minutos, Donald Trump quiso halagar a su invitado. Y esto no ha terminado, ya que la recepción en la Casa Blanca prevista para el miércoles por la tarde también promete ser fastuosa. Con más de 500 soldados estadounidenses en uniforme de gala, un nuevo sobrevuelo de bombarderos y la cena de Estado a continuación, en presencia de Elon Musk y otros gigantes de la tecnología.
Una guerra comercial en pausa
En cuanto al contenido de las conversaciones, lo esencial ya está acordado en lo que respecta a la guerra comercial entre las dos potencias. La tregua prevista hasta finales de noviembre se ha extendido al menos hasta enero. Washington y Pekín se comprometen dejar de lado el pulso en materia de barreras arancelarias. Aunque dos meses de prórroga son menos de lo previsto. La Casa Blanca considera que China no ha cumplido del todo con su parte del acuerdo. El gobierno chino había prometido comprar grandes volúmenes de soja y productos agrícolas estadounidenses, y las cifras no cuadran. Estados Unidos esperará hasta enero para ver si todo vuelve a la normalidad.
Otros temas espinosos, como la guerra en Irán, deberían ser abordados por los dos líderes. Aunque la cuestión de Taiwán, que enturbia las relaciones entre China y Estados Unidos, seguramente sigue siendo la más delicada de todas. El apoyo militar estadounidense, a través de la venta de armas a la isla —de facto independiente, pero que Pekín desea recuperar— es, evidentemente, uno de los grandes temas de la visita. De hecho, Donald Trump tiene suspendido desde hace varios meses un paquete de 14.000 millones de dólares en ayuda militar estadounidense para Taiwán.
Para Alexandre Gandil, posdoctorado en el Centro de Geopolítica de la Universidad de Cambridge, es difícil imaginar que el presidente estadounidense ceda a las demandas de Pekín: "El apoyo a Taiwán es, después de todo, bipartidista en la escena política estadounidense. Lo que está en juego, potencialmente, es una redefinición de los equilibrios y del alcance que Estados Unidos le otorga a la defensa de Taiwán". Un alcance que ya es ambiguo. La isla sigue esperando la entrega de casi 30 mil millones de dólares en armamento defensivo y Donald Trump ve esta ayuda como "una herramienta de negociación" en su pulso con Pekín.
Compartir esta nota
