La arquitecta y urbanista venezolana Janeira Wilson describe un panorama devastador en La Guaira tras el doble sismo que golpeó Venezuela el 24 de junio. "La situación es bastante dramática. El ambiente es difícil describirlo… había una especie de bruma de polvo todavía suspendido en el espacio, con muchas montañas de todo el residuo de todos estos edificios que se han derrumbado y muchas carpas con los logos de los distintos países que han colaborado con esta tragedia en Venezuela", explica esta profesora titular en la Escuela Nacional Superior de Arquitectura de París–Val de Seine (ENSA-PVS) e investigadora en el Centro de Investigación sobre el Hábitat (CRH-LAVUE, CNRS).

Janeira wilson, que se crió en La Guaira acaba de estar en la zona devastada en la que el doble sismo de hace casi tres meses dejó a miles de personas sin viviendas. A esta devastación se suma el hecho de que "hay miles de desaparecidos aún bajo los escombros", lo que agrava el duelo de las familias afectadas.

Wilson, que ha estudiado la Gran Misión Vivienda Venezuela, cuestiona de fondo el modelo de construcción acelerada que se adoptó en la zona. Recuerda que "la Gran Misión Vivienda Venezuela fue un proyecto emblemático… inicialmente tres millones de viviendas… luego fue retomado por Maduro con la idea de construir cinco millones de viviendas en diez años".

Se manejó, explica la investigadora, "como una campaña política muy importante, sobre la imagen de los edificios, la firma de Chávez que estaba en todos estos edificios y los ojos de Chávez".

Construir rápido, sin estudios de suelo, fue un gran error

Sin embargo, advierte que "muchas de las construcciones que se realizaron de manera muy rápida excluyeron estudios de suelo en algunos sectores" y que "el suelo no necesariamente tenía la rigidez necesaria para poder mantener en pie este tipo de construcciones luego del sismo", hasta el punto de que "algunos edificios colapsaron completamente, pero otros fueron absorbidos por la tierra, como si la tierra se hubiera tragado estos edificios", cuenta y agrega que algunos proyectos de viviendas sociales fueron construidas por empresas extranjeras, como las turcas, que no usaron los materiales indicados para que las torres aguantaran. 

En este contexto, la arquitecta señala directamente al Estado venezolano. "El Estado es responsable en cuanto a que ya las personas son vulnerables al no tener vivienda, y se les dan unas viviendas que finalmente son muy frágiles y vuelven a estar en una situación de vulnerabilidad, viviendo en carpas durante años", denuncia.

El riesgo de volver a construir en la urgencia

También critica la respuesta oficial de reconstrucción, basada de nuevo en la urgencia: "Me parece que volver a tomar esa iniciativa de construir rápidamente por la urgencia, excluyendo procesos técnicos indispensables, es un gran error". Y añade una propuesta alternativa sería hacer una lista de viviendas vacías para realojar a los damnificados.

"Valdría más la pena hacer una estadística real y poder… darle vivienda social construida ya a las personas que están en dificultad hoy día", incluso considerando "buscar otros lugares para construir en el país", dado que "La Guaira ha sido decretada desde hace muchísimos años… una zona sísmica valor cinco", explica.

La caída de las torres chavistas rompe la imagen del Estado protector

Más allá de lo técnico, Wilson describe un profundo desgaste en la confianza hacia el Estado. "Hay un ambiente mucho más de rabia, de molestia, de decepción frente al Estado, porque muchos sintieron que no contaron con una ayuda suficiente para recuperar los cuerpos de las personas que fallecieron durante esta tragedia", afirma Wilson. 

Según ella, "muchas familias tuvieron que recurrir a ayuda privada o de familiares y amigos para poder recuperar los cuerpos", lo que alimenta "una desilusión generalizada" y "esa sensación de casi ser usado por el Estado como propaganda", concluye. 

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