Por Aabla Jounaidi y Jad El Khoudry, enviados especiales al Líbano
Sus ojos nos miran fijamente, pero están sin vida. Son prótesis. Por todo su rostro, los restos de plástico y cobre que no se pudieron extraer suben lentamente a la superficie, dibujando extraños tatuajes. El hombre de 36 años no quiere revelar su cargo dentro del partido-milicia. “Solo pongan ‘combatiente’”, sugiere.
Alaa [su nombre ha sido cambiado para esta nota] estaba en casa de su tío con su esposa el 17 de septiembre de 2024 cuando su “bip”» comenzó a sonar y a vibrar de manera extraña. “Apenas había presionado el botón OK, cuando explotó”. Cegado, el hombre de 36 años, creyendo que se trataba de un ataque de un dron, se abalanzó sobre su esposa para protegerla antes de correr a la calle. Allí, perdiendo sangre, le pidió a su primo que le hiciera un torniquete y a un vecino que lo llevara al hospital.
“Fue al oír a las enfermeras preguntar si se trataba de nuevo de una señal del buscapersonas cuando comprendí que era una operación del enemigo israelí”, continúa Alaa, quien perdió la vista y también el uso de varios dedos de la mano derecha. Ante el dolor de su familia, afirma haberse mantenido impasible. “Sabía, siguiendo el camino del imán Al Hussein [figura central del chiismo duodecimano o imamí que murió como ‘mártir’ en Karbala, Irak, en el año 680], que acabaría muerto o herido”, explica Alaa.
El “Partido de Dios»” califica a hombres como él de “mártires vivos”. Al igual que los más de 3.000 heridos causados por el ataque simultáneo a sus beepers y walkie-talkies los días 17 y 18 de septiembre de 2024, Alaa recibe apoyo financiero de Hezbolá. Para recibir atención médica, fue trasladado a Siria y luego a Irán, donde le informaron que no tiene “ninguna esperanza” de recuperar la vista.
El excombatiente rechaza las conversaciones en curso en Washington
Esta serie de ataques, junto con el asesinato de numerosos líderes, entre ellos el principal, Hasán Nasralá, supone un duro golpe para la organización, obligada a revisar por completo su red de comunicación y enviar a sus miembros a la clandestinidad.
Leer tambiénIsrael arremete contra Francia por su papel en el Líbano
“Gracias a Dios, el Partido e Irán no nos han abandonado”, asegura Alaa. En un momento en que crece el descontento en la opinión pública libanesa hacia la milicia chiíta y su aliado iraní, el joven se opone a las conversaciones en curso en Washington, que considera inútiles.
Como prueba de ello, cita el período de alto el fuego, interrumpido por Hezbolá el 2 de marzo, pero violado en repetidas ocasiones por Israel. “Durante 15 meses, el enemigo siguió matando a nuestros hombres. Pero Hezbolá le dio al Gobierno libanés la oportunidad de negociar. No funcionó y el Partido actuó cuando fue oportuno”, afirma Alaa.
Lejos ya del campo de combate, sigue de cerca la batalla en curso en Bint Jbeil, en el sur del país, ciudad emblemática para Hezbolá. “Llevábamos mucho tiempo esperando esta batalla terrestre”, sonríe el joven. “Ya hace casi un mes y medio y el enemigo no logra avanzar como quiere, a pesar de toda su tecnología”, continúa. Fue allí donde el ex líder del partido, Hasán Nasralá, proclamó la victoria tras la retirada unilateral israelí del sur en 2000.
Israel afirma haber matado a un centenar de combatientes de Hezbolá en la región de Bint Jbeil, un balance que la formación chiíta niega. Por su parte, esta última afirma haber lanzado, este miércoles 15 de abril, una treintena de cohetes contra Israel.
Compartir esta nota
