Análisis de Anne Bernas 

Desde hace varias décadas, Omán se caracteriza por su política exterior neutra y positiva. 

El sultanato de unos cinco millones de habitantes siempre ha querido mantenerse al margen de los conflictos y las turbulencias locales, como sucedió en la guerra Irán-Irak (1980-1988), la primera guerra del Golfo (1991), cuando Qatar estaba bajo bloqueo (2017) o durante la guerra civil en Siria.

Negó unirse a la coalición contra los hutíes en Yemen en 2015. Como intermediario neutral, Orán ha acogido a responsables hutíes y se ha convertido en un canal esencial para las negociaciones entre los rebeldes y los saudíes. También a este país se le debe el acercamiento entre Teherán y Riad de 2023. “El sultanato se ha impuesto como una plataforma de mediación internacional, capaz de hablar con todos sin alinearse plenamente con ningún bando”, dijo a RFI Tigrane Yégavian, profesor en la Schiller International University.

Entre los atributos de Omán también destaca su capacidad de diálogo con todo tipo de protagonistas, incluidos los más duros: en la resolución del conflicto israelo-palestino, el sultán omaní Qabus bin Said recibió en 1994 a Shimon Peres [entonces primer ministro de Israel, NDLR], y luego a Benjamín Netanyahu en 2018, a pesar de que los dos Estados no mantenían relaciones diplomáticas y que estas visitas están lejos de ser apreciadas por la población del sultanato. “El sultán Qabus [fallecido en 2020, NDLR], fue el líder árabe que permaneció más tiempo en el poder, y su red de contactos personales fue fundamental para el papel de Omán como mediador indispensable del Golfo”, analiza Foreign Policy.

Otro gran proyecto fue el programa nuclear iraní, iniciado a principios de la década de 2000 y concretado en 2015. Si ningún dirigente del sultanato aparece en la foto de familia, Mascate juega, sin embargo, un papel decisivo en las negociaciones que llevarán al acuerdo de Viena, el que detuvo Donald Trump en 2018.

El sultán Haitham sigue los pasos de su primo Qabus

Omán se mantuvo firme en conservar vínculos tanto con Teherán como con Washington como mediador. Haitham ben Tarek, primo del difunto sultán Qabus, seguirá así a partir de 2020 los pasos de su predecesor. El sultanato retoma el asunto en abril de 2025 transmitiendo los mensajes entre las delegaciones estadounidense e iraní en la capital Mascate desde el verano de ese mismo año. Pero la guerra de 12 días lanzada por Israel y apoyada por Estados Unidos pararon el diálogo.

Esta situación no detuvo el trabajo de la diplomacia omaní que reanudó las negociaciones en febrero de 2026. Para el sultanato un acuerdo estaba al alcance de la mano. No obstante, unas horas después de las declaraciones optimistas de Mascate sobre una salida de la crisis, Washington y Tel Aviv lanzaron una ofensiva simultánea sin precedentes contra Irán, el 28 de febrero.

Antes de esa fecha, “el gobierno omaní creía que había logrado algo”, comentaba para RFI Abdullah Baabood, investigador omaní especialista en relaciones internacionales en Oriente Medio y profesor en la Universidad Waseda de Tokio. Según su análisis el ataque ya habría sido planeado por los israelíes y los estadounidenses por lo que todos los “esfuerzos de negociación fueron en vano y fue un duro golpe” para Omán.

La diplomacia omaní se había mantenido discreta, pero cambió el tono tras el ataque y expresó abiertamente su desacuerdo con la guerra que calificó como “ilegal”. El ministro de Asuntos Exteriores, Badr al-Busaidi, rompió su silencio, lo cual es inédito: en las páginas de The Economist dijo que Estados Unidos había “perdido el control de su política exterior”.

Omán, un país singular en el corazón de las turbulencias

¿De dónde vienen las particularidades de la diplomacia omaní? Para Laurent Bonnefoy, investigador del CNRS en el CERI-Sciences Po, “Omán ha forjado desde hace mucho tiempo una imagen de moderación y sabiduría diplomática”.

La diplomacia omaní “es un discurso que está construido y que es en muchos aspectos coherente con la política llevada a cabo en una región agitada, pero en la práctica no es estrictamente neutra. Varía según el país. Con Yemen, los Emiratos Árabes Unidos o Irán, por ejemplo. Estas intervenciones no siempre están en el centro de la actualidad ni son visibles, pero también marcan el lugar de Omán como actor regional”, sostiene.

Aunque pareciera que Omán se asemeja a un actor regional como cualquier otro, en realidad la manera en que despliega su política exterior le hace honor a su sobrenombre, la «Suiza del Golfo». Se distingue, entre otras cosas, por la religión. Los omaníes no son chiitas como en el gran vecino iraní, ni sunnitas como en el otro gran vecino saudí, sino ibadíes, una rama minoritaria del islam que aboga por el consenso y la moderación.

El Estado busca la filiación entre la identidad religiosa y las prácticas diplomáticas, “aunque actualmente este vínculo se ha vuelto menos evidente”, puntualiza Laurent Bonnefoy destacando el caso del discurso, el cual es de corte conservador en temas religiosos, en cuestiones sociales pero también al abordar la relación con Palestina.

Otra singularidad de Omán es su geografía. El país da principalmente al océano Índico y solo la punta oeste del país se sitúa en el estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial. Si Omán es el primer Estado árabe en haber tenido una representación diplomática en los Estados Unidos, en 1840, también es el único país del golfo Pérsico que no tiene en su territorio una base estadounidense.

Para el país de Oriente Medio, el estrecho de Ormuz representa un verdadero apalancamiento de influencia para su seguridad, sobre todo porque el sultanato tiene recursos muy limitados en hidrocarburos. “Esto explica el interés de permanecer activo en el plano diplomático y no en la búsqueda irrealista del poder”, señala Tigrane Yégavian. Lo que pretende es resolver las tensiones mediante el “diálogo y la búsqueda de compromisos duraderos”

Siempre discretos, y hasta secretos, los diplomáticos omaníes han llevado a cabo negociaciones con Irán sobre la cuestión del estrecho de Ormuz. Mascate insiste en el respeto del derecho internacional del mar y rechaza la idea de pago de peaje para los barcos. La iniciativa atrajo la ira del presidente Trump, quien llegó a amenazar con "pulverizar" el sultanato de Omán. “Amenazar a Omán, un socio pacífico, neutral y de larga data de los Estados Unidos, constituye un grave error estratégico”, comentó en X Abdullah Baabood, quien calificó los comentarios de Trump como un “acto irresponsable, peligroso y absolutamente inaceptable”. Sobre todo porque los omaníes son considerados un interlocutor histórico de los iraníes.

Relaciones pacíficas con Teherán

El sultán Haitham intenta conciliar las exigencias de Irán con el derecho internacional marítimo y el principio de la libertad de navegación. Omán quiere mantener buenas relaciones con sus vecinos y evitar la escalada, pero también desea gestionar conjuntamente con Teherán el estrecho de Ormuz y sólo puede hacerlo manteniendo cierta cordialidad.

“Sin duda, hay un temor de los omaníes hacia Teherán”, continúa el análisis de Laurent Bonnefoy. “Los iraníes jugaron bien su carta al mostrar que, aunque Omán no iba a ser un objetivo principal, el sultanato seguía estando a su alcance”.

No obstante, Teherán lanzó algunos drones y misiles en marzo pasado a Omán para dejarle en claro que no tenía que actuar como los otros Estados del Golfo, lo que explica su cautela en el conflicto, según Bonnefoy.

“Al mismo tiempo, esta voluntad de mantenerse en una forma de neutralidad se inscribe en la línea de la política exterior implementada desde hace casi seis décadas. Y, paralelamente, también cumple una función a escala regional. Muestra la necesidad de mantener los canales abiertos con los iraníes. Esta función, casi todo el mundo entiende que es valiosa”, sostuvo. En el New York Times se puede leer que Mascate “busca mantener a Irán en la mesa de negociaciones”. “En este juego de equilibrista cada vez más difícil”, su rol de mediador es “apreciado” por los diplomáticos estadounidenses.

A pesar de la competencia considerable no solo de Catar sino también de Pakistán, Omán sigue siendo un interlocutor fiable y discreto del cual la región necesita más que nunca. Y eso a costa de decisiones difíciles. Apostando por la diplomacia y el derecho internacional, Mascate ha logrado hacerse indispensable a los ojos de una gran parte de los líderes del planeta.

RFI

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