Con el corresponsal de RFI en Johannesburgo, Valentin Hugues
Este jueves, cientos de personas volvieron a salir a las calles de las principales ciudades de Sudáfrica, principalmente Durban y Johannesburgo, para manifestarse en contra de la acogida de inmigrantes indocumentados, con la intención de repetir la acción todos los jueves durante cuatro meses, hasta las elecciones municipales.
Ataques e intimidaciones
Como suele ocurrir, los manifestantes se han dedicado a lanzar ataques selectivos contra comerciantes y a intimidar de forma violenta a supuestos inmigrantes ilegales expulsados de sus hogares al margen de cualquier marco legal y, en ocasiones, ante la mirada de la policía.
El objetivo de los manifestantes es muy claro: ejercer presión sobre el Gobierno de Cyril Ramaphosa hasta las elecciones municipales de noviembre de 2026.
Porque, aunque la organización March and March se autodenomine ciudadana, ejerce influencia en el panorama político, con el apoyo por ejemplo de Umkhonto we Sizwe (MK) del presidente derrocado Jacob Zuma, un partido de la oposición que ha convertido la inmigración en un argumento de campaña.
Redadas policiales
Ante este clima extremadamente tenso, el Ministerio del Interior sudafricano está multiplicando las redadas policiales por todo el territorio y deteniendo a miles de inmigrantes en situación irregular. Estas detenciones se han intensificado desde el inicio de las manifestaciones.
Amenazas, intimidaciones, violencia física y discursos xenófobos han acompañado en los últimos meses esta campaña llevada a cabo por grupos de ciudadanos que exigen la salida de todos los inmigrantes indocumentados de Sudáfrica.
Al salir a la calle cada semana, los manifestantes pretenden seguir ocupando el espacio público, lo que alimenta un clima de desconfianza especialmente palpable en el país.
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