El presidente serbio, Aleksandar Vučić, anunció este pasado sábado que dejará el cargo en las próximas semanas y convocará elecciones parlamentarias y presidenciales anticipadas. El anuncio lo realizó durante un acto multitudinario organizado por el Partido Progresista Serbio (SNS), bajo el lema "Serbia, One Family” (Serbia, una familia).
Allí defendió que el país necesita un "nuevo mandato popular" para afrontar una nueva etapa política, prometió medidas contra la corrupción, mejoras en salarios y pensiones y aseguró que seguirá liderando la campaña electoral de su partido. También dejó claro que está dispuesto a volver a la jefatura del Gobierno como primer ministro si "su partido se lo pide”. Un cargo que ya ocupó entre 2014 y 2017.
El anuncio llega tras 18 meses de protestas estudiantiles, las mayores en Serbia desde la caída de Slobodan Milošević, y que comenzaron tras el derrumbe de la marquesina de la estación de Novi Sad, que dejó 16 muertos y destapó presuntos casos de corrupción en la contratación pública.
Una convocatoria que no convence
Los estudiantes llevan ya más de un año exigiendo responsabilidades por la tragedia, reformas judiciales y el fin de la impunidad. Y aunque Vučić ha prometido elecciones, las protestas continúan, ya que para los manifestantes, el problema no es solo quién ocupa la Presidencia, sino un sistema político que ha concentrado el poder durante más de una década en torno al líder del SNS.
La convocatoria tampoco supone una novedad en la estrategia política de Vučić. Desde que asumió el poder hace 14 años, ha recurrido repetidamente a elecciones anticipadas para reforzar su posición y aprovechar los momentos de mayor fortaleza del SNS.
De las siete elecciones parlamentarias celebradas bajo su liderazgo, cinco se convocaron antes de agotar la legislatura, una fórmula que le ha permitido renovar su legitimidad y mantener el control del escenario político.
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