Casi ningún debate y una cobertura mínima en televisión: mientras se acercaban las elecciones legislativas, Rusia no parecía estar en plena campaña. Sin embargo, esta discreción no es en absoluto un descuido. “El Kremlin ha llevado a cabo una especie de operación especial en torno a esta campaña electoral, dando instrucciones a los medios de comunicación bajo su control para que reduzcan drásticamente su cobertura de las elecciones”, opina el politólogo ruso e investigador del New Eurasian Strategies Centre, Alexander Morozov.
El Gobierno parecería querer evitar agitar aún más a una sociedad ya de por sí inquieta. “La guerra lleva mucho tiempo y la población siente una gran incertidumbre ante el futuro”, añade. Según explica el investigador a RFI, un responsable de la administración presidencial habría pedido que la campaña tuviera un carácter “terapéutico”, es decir, tranquilizador. Una estrategia que explica la escasa cobertura que se está dando a las elecciones legislativas.
Esta voluntad de evitar cualquier agitación se refleja en las restricciones impuestas a los candidatos. “No tienen derecho a criticar las operaciones militares, el desarrollo de la guerra ni al Kremlin”, explica el politólogo Nikolái Petrov, también del New Eurasian Strategies Centre. “Solo pueden denunciar ciertas deficiencias de las autoridades, reprocharles que no ejecuten con suficiente rapidez las órdenes de Vladimir Putin o mencionar problemas locales”, agrega.
Una campaña más visible correría el riesgo de sacar a la luz temas que el poder prefiere evitar: las bajas humanas en Ucrania, el coste económico del conflicto, el temor a una nueva movilización o la falta de perspectivas para la posguerra.
Adversarios descartados
Según el medio de comunicación ruso independiente Verstka, al menos 36 adversarios de Rusia Unida, el partido de Vladimir Putin, han sido descalificados u obligados a retirarse de las elecciones nacionales o regionales. Los motivos van desde la exhibición de símbolos calificados de “extremistas” hasta infracciones de los derechos de autor.
Una candidata de Yábloko, un pequeño partido liberal crítico con el Kremlin, fue excluida por utilizar una canción sin licencia. A otro candidato se le sancionó por una foto del cantante de Motörhead: la cruz que llevaba fue equiparada a un símbolo nazi. Otros candidatos han sido sancionados por mostrar los logotipos de Facebook o Instagram, cuya empresa matriz, Meta, está clasificada como “extremista” en Rusia.
En 17 casos, las acciones judiciales estaban relacionadas con una foto de Alexei Navalny —el principal opositor a Vladimir Putin, fallecido en prisión en 2024— o con una referencia a sus organizaciones prohibidas. Nikolái Petrov también destaca las resoluciones judiciales dictadas en cuestión de días, a una rapidez inusual para los tribunales rusos: “Nadie intenta siquiera dar la apariencia de un verdadero procedimiento judicial”.
Impedir una votación sobre la guerra
Yábloko es la formación más afectada. Su lista nacional ha sido prohibida por la Corte Suprema y al menos 19 de sus candidatos individuales han sido descartados u obligados a retirarse. Este pequeño partido liberal era el único partido registrado que defendía abiertamente el cese de los combates. Su discurso se mantenía prudente: pedía principalmente un alto el fuego y la apertura de negociaciones, según Nikolái Petrov.
Al parecer, el Kremlin habría barajado inicialmente dejar que Yábloko participara para demostrar la escasa acogida de las ideas pacifistas. Pero su mensaje habría empezado a encontrar eco, sobre todo entre los jóvenes. “El Kremlin no temía que algunos candidatos de Yábloko entraran en la Duma. Temía que su llamado suscitara una reacción positiva y demostrara que el apoyo a un alto el fuego no era tan marginal como lo quería hacer creer”, explica Petrov. El riesgo era que las elecciones legislativas se convirtieran en una votación indirecta sobre la guerra.
Una Duma leal y a favor de la guerra
El resultado general parece ya decidido de antemano. Rusia Unida debería conservar una mayoría aplastante. Los otros cuatro partidos con posibilidades de entrar en la Duma también apoyan, a pesar de algunos matices, la línea del Kremlin. “El objetivo es constituir una Duma cuyos miembros se presenten, junto a Vladimir Putin, como los artífices de la victoria contra Ucrania”, analiza Alexander Morozov.
El poder quiere reforzar la presencia del “partido de la guerra” en la burocracia y mantener a los principales autores de las leyes represivas o antioccidentales. Para Nikolái Petrov, lo que realmente está en juego no es la composición del Parlamento: “Estas elecciones versan sobre la imagen del poder y sobre la reafirmación de su autoridad”.
Una vez cerradas las urnas, el Kremlin podrá presentar la anunciada victoria de Rusia Unida como la prueba de que, a pesar de más de cuatro años de guerra, el país sigue unido detrás de Vladimir Putin.
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