RFI: El déficit creciente, el agotamiento de las reservas y los efectos económicos de los ataques ucranianos reflejan las crecientes dificultades de Moscú para financiar la guerra a largo plazo. El gasto militar ruso aumentó un 30 % en el primer semestre de 2026, pese a los planes oficiales de reducción. Moscú prometía reducir su gasto militar en 2026. Sin embargo, este aumentó un 30 % en el primer semestre. ¿Por qué el Kremlin no logró frenar ese gasto?
El proyecto de reducir el gasto probablemente no era realista desde el principio. Ya el año pasado, las negociaciones presupuestarias fueron difíciles y el déficit era más elevado de lo previsto.
El costo de la guerra simplemente sigue aumentando. Puede considerarse que el presupuesto presentado el año pasado respondía más a un objetivo declarado que a un plan realmente alcanzable. Sin embargo, el hecho de que la reducción del gasto no se haya materializado sigue siendo significativo.
Para sostener la guerra a largo plazo, Rusia debe ser capaz de financiarla. Pero los recursos presupuestarios no son ilimitados. Desde el inicio de la invasión a gran escala, el costo del conflicto ha aumentado cada año. Los gastos son sistemáticamente superiores a los del año anterior, pero también a las previsiones.
Eso da la impresión de que el Kremlin no controla realmente el costo de la guerra.
RFI. El déficit presupuestario ruso ya alcanzaba el 2,8 % del PIB en julio, mientras que la parte líquida del Fondo Nacional de Riqueza cayó al 1,6% del PIB. ¿Qué margen de maniobra le queda todavía a Moscú?
En esta etapa, un déficit equivalente al 2,8 % del PIB no constituye por sí solo un problema grave. Rusia todavía puede endeudarse en su mercado interno y su nivel global de deuda pública sigue siendo relativamente bajo.
El problema es que el déficit tiende a agravarse durante el segundo semestre. Al final del año también hay que tener en cuenta los déficits regionales y los de los fondos sociales, como las pensiones o el seguro de salud. En conjunto, pueden adquirir una dimensión significativa.
Además, hoy endeudarse resulta muy costoso para Rusia. Probablemente esto no provoque una crisis presupuestaria ya el próximo año, pero el peso de la deuda y de los intereses irá convirtiéndose progresivamente en un problema.
Al inicio de la guerra, Moscú todavía podía financiar sus déficits gracias al Fondo Nacional de Riqueza. Esas reservas, acumuladas durante los años anteriores, constituían un auténtico colchón financiero. Hoy ese colchón está prácticamente agotado. Por ello, el Ministerio de Finanzas ya no tiene realmente otra opción que endeudarse con los bancos rusos. La liquidez restante es demasiado baja para cubrir el déficit actual, sin hablar de los de los próximos años.
RFI. Si el gasto militar sigue siendo prioritario, ¿qué sectores corren el riesgo de ser sacrificados?
Será difícil reducir de manera drástica el gasto civil. Por supuesto, es posible ralentizar las inversiones en infraestructura o el mantenimiento de las carreteras. En teoría, también podrían aplicarse recortes al gasto social, pero son políticamente sensibles.
Más bien espero una presión general sobre todo el presupuesto civil, con reducciones limitadas en varios sectores.
Pero la mayor parte de la financiación adicional tendrá que provenir de un mayor recurso a la deuda y, probablemente, de nuevas subidas de impuestos. En los últimos años, Rusia ha aumentado la presión fiscal casi cada año: el IVA este año, y el impuesto sobre la renta y el impuesto sobre los beneficios el año pasado. Creo que esta tendencia continuará.
No obstante, la mayor parte de los gastos adicionales relacionados con la guerra deberá financiarse mediante endeudamiento.
RFI. ¿Los ataques ucranianos contra refinerías y depósitos estratégicos tienen un impacto duradero en la economía rusa?
Hay que distinguir entre la gestión de la crisis y sus consecuencias a más largo plazo. A corto plazo, Rusia todavía logra manejar la situación. La escasez de gasolina ha sido difícil de contener, pero la situación ha mejorado en comparación con junio y julio. Queda por ver cuáles serán los efectos de los próximos ataques ucranianos.
Lo más importante, en mi opinión, no es la gestión de la escasez ni la reparación de las infraestructuras. Es el impacto sobre las expectativas de las empresas, de las élites económicas y de la población.
Estos ataques ya no son acontecimientos aislados. Se han vuelto recurrentes y forman parte de una dinámica duradera. Eso cambia profundamente la percepción del riesgo. Se observa, especialmente, en el aumento de las tasas de los bonos del Estado a largo plazo. Los actores económicos incorporan ahora más riesgos para el futuro. Muchos consideran que la guerra ha entrado en una nueva fase que afecta directamente a la economía rusa.
Y la economía depende en gran medida de la confianza y de las expectativas. Probablemente ese sea el aspecto que más se ha visto afectado.
RFI ¿Qué impacto ha tenido esta guerra en la población rusa?
El impacto es muy diferente según los grupos de población. Para los rusos que trabajaban con empresas occidentales o con compañías que abandonaron el país tras las sanciones, las consecuencias han sido a veces importantes. Pero para quienes trabajan en la industria de defensa o directamente para el ejército, la guerra también ha generado oportunidades de empleo e ingresos.
En promedio, los salarios han aumentado considerablemente en los últimos años, incluso teniendo en cuenta la inflación. Los ingresos reales han crecido. En términos generales, una gran parte de los rusos se encuentra hoy en una mejor situación económica que antes de la invasión de 2022.
Ese es el efecto del gasto masivo del Estado en la economía. Se habla de «keynesianismo militar»: cuando el gobierno destina enormes recursos a la guerra, eso impulsa temporalmente la actividad económica.
Pero este auge está llegando a su fin. Rusia enfrenta una escasez de mano de obra y nuevos aumentos del gasto público corren el riesgo de alimentar sobre todo la inflación. A medida que aumenten los impuestos, persista la inflación y los salarios crezcan más lentamente, el costo de la guerra para los rusos comunes será cada vez más visible.
RFI ¿Cuáles serán los principales indicadores que habrá que observar en los próximos meses?
El primer elemento será el presupuesto ruso para el próximo año, que se presentará a finales de septiembre. Será interesante ver cómo prevé el Gobierno financiar el aumento de los costos militares: con más endeudamiento, aumentos de impuestos o recortes presupuestarios.
También habrá que vigilar las consecuencias económicas de los ataques ucranianos, especialmente sobre la inflación. Si provocan nuevas subidas de precios, el Banco Central de Rusia podría verse obligado a mantener tasas de interés elevadas, lo que encarecería aún más el costo del endeudamiento para el Estado.
Otra cuestión esencial es la capacidad de Rusia para reclutar suficientes soldados sin recurrir a una movilización forzosa. Una decisión de ese tipo provocaría importantes tensiones en la sociedad y podría desencadenar una nueva ola de salidas al extranjero.
Por último, no hay que olvidar el factor petrolero. Si los precios del petróleo se mantienen de forma duradera en niveles muy elevados, eso supondría un apoyo importante para la economía rusa. Hasta ahora, los aumentos observados solo han aportado un alivio limitado. Pero un petróleo sostenidamente por encima de los 100 dólares por barril podría atenuar parte de las dificultades económicas que enfrenta Rusia.
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