Es un mensaje de voz que nos llega desde el interior de un cuartel en algún lugar del oeste de Rusia [por razones evidentes de seguridad, RFI no revela su identidad]: "Me negué a participar en la operación especial, porque para mí, un soldado es alguien que protege. No hay nada más que añadir".
No tiene nada más que decir porque Igor, que envía este mensaje a cuentagotas, ya se ha atrevido a hacer lo impensable para muchos rusos en un país que ha perdido cerca de 500.000 soldados. Esta cifra fue divulgada por Anne Keast-Butler, jefa de GCHQ (agencia de inteligencia y ciberseguridad del Reino Unido) con base en nevos datos de inteligencia. Además, los ataques ucranianos penetran cada vez más en territorio ruso, sin perspectiva de cese de los combates. De ahí que el ejército ruso reclute a un gran ritmo.
Igor tiene 25 años y procede de una ciudad del norte del país donde no encontraba trabajo, según cuenta. Antes de la guerra, firmó un contrato con el ejército sin imaginar que pocos meses después su presidente decidiría enviar a soldados a Ucrania. "No tengo ningún amigo que participe en la operación especial, no me comunico con quienes se han convertido en combatientes», afirma Igor en otro mensaje. «Nunca mantuve contacto, porque no estábamos de acuerdo en este punto. Ellos decidieron que era más fácil irse, mientras que yo me quedé y lucho por no ir".
Igor ha llegado a recurrir a tribunales militares para solicitar el reconocimiento oficial del fin de su contrato, que lleva tiempo expirado. Afirma contar con el apoyo de su familia y amigos. Sin embargo, los allegados de quienes, en casos muy raros, se negaron a la movilización en 2022 y están en prisión se muestran paralizados por el miedo y rehúsan hablar.
La justicia, por su parte, aplica sin vacilar las leyes y las penas asociadas, como hasta 10 años de prisión por deserción o negativa a someterse a la movilización parcial, y los procesos por desacreditar al ejército continúan celebrándose.
Línea roja
Cuestionar al jefe del Estado y la conducción de las operaciones militares es una línea roja absoluta en Rusia. Los investigadores buscaron después y, como era de esperar, encontraron otros comentarios en redes sociales y otras líneas rojas cruzadas por Vasili Bolchakov. Fue declarado culpable de todos los cargos y condenado a una multa de 250.000 rublos (unos 3.000 euros al cambio actual).
Hoy, este treintañero, padre de cuatro hijos, se ha mudado a la ciudad vecina de Riazán por motivos profesionales, según explica. Sentado en un café, mezclando ruso e inglés, considera haber tenido mucha suerte al recibir solo una multa. En ningún caso repetirá las palabras por las que fue procesado; ahora mide mucho más sus declaraciones, pero no se ha alineado con el discurso oficial. Para él: "Las personas que me hicieron todo esto lo hicieron con plena conciencia, y tendrán que vivir con ello. Cada uno tendrá que afrontarlo tarde o temprano. Pero ni siquiera intentaría decir cuándo ni de qué manera podrían cambiar las cosas. Porque todo aún puede empeorar".
A principios de mayo, el Tribunal Supremo hizo públicas estas cifras: en dos años, las condenas por traición han aumentado un 460 %. La mayoría de los abogados especializados estima que la cifra real alcanza, en realidad… el doble.
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