Keir Starmer ha pedido disculpas formales en el parlamento en nombre del estado por las adopciones forzadas ocurridas entre 1950 y 1970, cuando unos 185.000 bebés fueron separados de sus madres por no estar casadas. Lo hizo en complicidad con Iglesia Anglicana, que tuvo que pedir perdón la semana pasada.
El estado financió y legitimó más de cien hogares donde se escondía a las mujeres que se quedaban embarazadas fuera del matrimonio. Allí fueron coaccionadas y torturadas psicológicamente y cuando tenían el bebé se lo quitaban y lo daban en adopción.
Este era un secreto a voces negado por todos los gobiernos hasta que Starmer llegó al poder hace dos años y ordenó una investigación parlamentaria. Todo ha acabado saliendo a la luz. Starmer, además, ha anunciado un paquete de ayudas de 4 millones de libras y la creación de un portal centralizado para ayudar a las familias a rastrear sus registros históricos de adopción.
Miles de hijos adoptados y madres biológicas llevan décadas organizándose para buscarse mutuamente. Aquellos niños ahora tienen entre 50 y 75 años y muchos tienen problemas psicológicos graves como consecuencia del vacío de su identidad.
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