Shell, petrolera británico-holandesa con sede en Londres, ha duplicado los beneficios del último trimestre hasta alcanzar los 10.800 millones de dólares por el impacto de la guerra de Irán, que estalló en una región clave para la energía.
Este conflicto ha provocado que el precio del petróleo y del gas en los mercados internacionales se disparara debido al temor a que faltara el suministro.
Las facturas siguen encareciéndose
Estos beneficios han generado las quejas de activistas que critican que los accionistas reciban 5.000 millones de retorno en plena crisis energética, mientras se encarecen de forma dolorosa las facturas de luz, la calefacción y el transporte.
La gasolina ha subido un 29% el último año aquí y la factura de luz y electricidad un 7% y subirá un 9% más de aquí a enero.
Greenpeace ha denunciado que las grandes petroleras europeas hayan acumulado unos 30.000 millones de dólares en beneficios extraordinarios desde el inicio de la guerra. Exigen que estos beneficios caídos del cielo sean gravados con impuestos para financiar una bajada real en las facturas energéticas de los ciudadanos y acelerar la transición climática.
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